domingo, 12 de febrero de 2023

Mama Zawadi sigue avanzando

Hace un año que el olvidado Congo y sus terribles historias se colaban en la gala mas importante del cine español al ganar el Goya al mejor cortometraje documental, MAMA, dirigido por Pablo de la Chica. Su protagonista era una congoleña, Mama Zawadi y su cruel historia que tantas otras congoleñas han vivido y viven. Como muchas de ellas, Mama Zawadi había tirado para delante tras situaciones que, a poco que se tenga sensibilidad, ponían un nudo en la garganta escuchando su relato o el de su amiga en la provincia de Kivu Sur, la española Lorena Aguirre.

Entre sus palabras finales estaba un "lo pasado, pasado está", tan lleno de esperanza como sobrecogedor, casi hasta difícil de asimilar cuando nuestras malas vivencias personales nos dejan a veces "fuera de juego" en la vida cotidiana de nuestro mundo. Pero nos llegan noticias de que Mama Zawadi sigue avanzando, que ha olvidado, hasta donde puede, lo sufrido, viviendo entre otras víctimas, los chimpancés del Santuario de Primates de Lwiro, que allí son llevados tras traumáticas experiencias con los humanos. Juntos han vuelto a reír y han aprendido a olvidar y junto a ellos Mama Zawadi ha emprendido otra etapa en su vida, precisamente para seguir ayudándoles, y está estudiando veterinaria.

Sus prácticas como estudiante universitaria de veterinaria han comenzado en el Santuario de Lwiro, junto a los chimpancés que había visto llegar atemorizados y que un día volverán a la naturaleza. Una vez más nos llega desde el Congo, del que tantas cosas desagradables contamos a diario, un ejemplo de cómo se puede salir adelante de casi cualquier situación, por terrible que sea. Tendrá mucho que ver las "buenas compañías" de quien te ayuda y algo profundo, por descubrir, quizá, que compartimos con primates y demás animales sobrevivientes, y que Mama Zawadi sabe sacar ante cada caída, levantándose con fuerza.


@CongoActual


lunes, 23 de enero de 2023

Matanza de Kishishe: un crimen que se está olvidando sin haberse aclarado

La muerte es algo cotidiano en la República Democrática del Congo (RDC) y los congoleños y congoleñas conviven a diario con ella. A una masacre sucede otra y muchas veces se olvidan sin saber muy bien quienes fueron los autores ni siquiera cuántas fueron las víctimas. Eso parece estar ocurriendo ahora con una de las mayores matanzas de los últimos meses, la ocurrida en Kishishe y Bambo, en la provincia de Kivu Norte, dentro de los enfrentamientos entre el Ejército congoleño -apoyado, de hecho, por otros grupos armados irregulares- y el M-23, grupo armado de tutsis congoleños, indudablemente apoyado por Ruanda, que había invadido territorio de la RDC hacía meses. Que hayamos dejado pasar tiempo esperando nuevas informaciones no ha aclarado este crimen ocurrido a finales de noviembre.

Situémonos brevemente en el teatro de operaciones: tras el intento por parte del Ejército congoleño de desalojar a la milicia del Movimiento 23 de Marzo (M-23) de la ciudad de Bunagana y otras posiciones ocupadas por los rebeldes desde hace meses, éstos reaccionan con una contraofensiva que barre al ejército regular y lleva a los rebeldes a las puertas de la populosa ciudad de Goma. La situación provoca una mini-cumbre internacional que se celebra en Luanda (Angola) y que reúne a países de la zona -no así al M-23. Se solicita un alto el fuego por todas las partes para las seis de la tarde del viernes 25 de noviembre de 2022.

LOS HECHOS

lunes, 16 de enero de 2023

El observador del Congo. Selección de lo que hemos visto durante 2022 en la RDC


Siguiendo lo que pasaba a diario en la República Democrática del Congo durante el 2022 recién terminado nos hemos encontrado con cientos de imágenes que reflejan lo que es la vida allí y hemos seleccionado algunas de las que más nos han impresionado. Inevitablemente ganan las malas, pero nos apoyamos en las buenas para no cejar en el intento de mostrar la realidad para que ésta cambie.

domingo, 8 de enero de 2023

Carta abierta a la directora del diario Público

Estimada directora del diario Público:

desde twitter y mediante @CongoActual, con los medios más modestos del mundo pero con la tozudez que da estar haciendo lo debido, seguimos a diario la actualidad de la República Democrática del Congo y mediante tuits y, más reposadamente,  artículos, contamos también a diario lo que ocurre en aquel país. Por ello creo que podemos asegurar que, sin entrar en competición alguna, ese país y su pueblo soportan uno de los mayores sufrimientos desde hace años, con todo tipo de conflictos armados, tragedias, miserias, violaciones, continúas crisis de refugiados y un doloroso etcétera.

Le escribo esta carta abierta al haber visto durante este largo fin de semana un artículo publicado en su periódico, titulado "Desde Taiwán hasta Ucrania o Haití: los conflictos que impactarán a la humanidad en 2023" y que, a modo de subtítulo, comienza diciendo:

"Guerras en directo, crímenes silenciados. Distintos expertos advierten sobre los escenarios de tensión y violaciones a los derechos humanos que estarán presentes en el panorama internacional durante los próximos 12 meses".

Ucrania -por supuesto-, Irán, Taiwán, Yemen, Sahara Occidental, Palestina, El Sahel, Haití, Armenia y Azerbaiyán y Etiopía merecen, sin duda, estar en ese trágico listado, pero, parece ser, no ocurre lo mismo con la República Democrática del Congo (RDC) donde, precisamente ahora mismo, se vive un nuevo conflicto armado -que se une a todos los demás- y que ha provocado el desplazamiento de cientos de miles de personas con lo puesto -además de alguna matanza sin aclarar-, y que, como realidad continua, tiene cinco millones de desplazados internos, cuatro de cada cinco habitantes no tiene acceso a la electricidad, más de 27 millones de personas están en riesgo de inseguridad alimentaria o parir supone jugarse la vida para muchísimas congoleñas, por no enumerar más desgracias fácilmente comprobables.

Pero insisto, el artículo en cuestión no eleva al Congo a esa categoría de "conflictos que impactarán en la Humanidad" este año recién comenzado, invisibilizando así el sufrimiento de millones de personas.

Pese al tono duro y crítico de mi carta -y no es para menos-, permítame decir dos cosas a modo de descargo para su periódico, incluso entrando en riesgo de contradicción en una de ellas. Tiene razón quien haya titulado así el artículo: el tremendo e inacabable conflicto de la República Democrática del Congo no impactará en la Humanidad este año, como no lo ha hecho en ninguno  anterior; la gente seguirá matándose y muriendo en el Congo, miles dormirán donde puedan y comerán lo que puedan, muchas mujeres sufrirán castigo simplemente por haber nacido allí pero el mundo seguirá funcionando sin ningún problema disponiendo sin límite de los inmensos recursos que saqueamos del Congo, mediante corrupción, guerras alentadas o simplemente robo. Y como nadie nos cortará el suministro de coltan, cobalto, cobre y todos los demás recursos congoleños imprescindibles para nuestra sociedad actual, la Humanidad vivirá sin ser "impactada" por una tragedia que, gracias a medios y artículos que ignoran lo que ocurre en la RDC, seguirá sin conocer ni importarle. 

Y esto me lleva al segundo comentario: no es nada particular de Público ignorar el sufrimiento del pueblo congoleño, muy al contrario, son los menos quienes en los medios de comunicación españoles -al igual que en los internacionales- se molestan en contar lo que pasa, en informarnos de una herida enquistada en este mundo que nos molestaría mucho conocer.

Solamente puedo pedirle que, en adelante, abran el objetivo y no sigan ignorando lo que ocurre en tantos lugares que, como la RDC, parecen malditos, y vayan más allá del restringido grupo de conflictos mediáticos, para contar lo que pasa, ocurra donde ocurra.

Gracias por su atención.


@CongoActual   


viernes, 4 de noviembre de 2022

La octogenaria de la fotografía, la mujer de la que casi nada sabemos

Esta fotografía apareció el pasado fin de semana junto a otras muchas similares en esos días y casi nada sabemos de la mujer que la protagoniza, ni su nombre, ni de donde viene, ni siquiera si es octogenaria o nonagenaria, o si quienes aparecen junto a ella forman parte de su familia o camina sola. Sólo sabemos que, como tanta gente en esos días en el territorio de Rutshuru, R.D. del Congo, huía de los combates y del avance del M-23, un grupo armado que hace diez años ya aterrorizara a la población. No sabemos donde está, si sigue vagando o llegó a algún lugar determinado y espera el final de este nuevo conflicto en algún "campo de desplazados" para volver a su hogar, suponiendo que éste siga existiendo. Por no saber, ni siquiera sabemos si sigue viva o el esfuerzo de la huida acabó con ella.

Sabiendo tan poco, tenemos que suponer. Si su vida ha sido como la de tantas mujeres congoleñas de las zonas rurales, hace muchos años que esas espaldas que apenas la sostienen ya cargaron con sus hermanos pequeños y que luego, cargando sus hijos, muchos, según lo habitual, trabajó en el campo o, en definitiva, sacó a su familia adelante, quizás sin más ayuda. Y que ahora, con el último aliento, trata de seguir sobreviviendo.

Sabemos también que, si acaso, esta imagen podrá conmover a los pocos que la vean, si es que aparece en algún sitio más. Pero pasará desapercibida y no nos quitará el sueño, ni ésta ni otras muchas de estos días, ni muchas otras que se producen con frecuencia en la R.D. del Congo, de gente huyendo de otros combates, de otras violencias, de otros grupos armados, a pesar de ser iguales a las que hace unos meses ocupaban toda la actualidad y nos compungían, quizá porque estas son de otro mundo, de otra gente, porque por lo que allí pase ni nos cortarán el gas ni nos subirá la cesta de la compra y pensamos que algo así nunca nos ocurrirá a nosotros.


@CongoActual

 

martes, 18 de octubre de 2022

Pakadjuma: no es una historia más de un barrio pobre africano

Hemos asumido como normal imágenes o noticias de hombres, mujeres, niños y niñas de raza negra pasando hambre, huyendo para salvar su vida o malviviendo en aldeas o barrios. Y por muchas historias conmovedoras que nos cuenten, parece que las hemos reducido a una que tiene diferentes capítulos. La historia que vamos a contar no es una más, porque cada historia de sufrimiento humano es diferente y, aunque fuera un poco, debería alterar conciencias, obligar a reflexionar, siquiera sea un momento, por qué pasa lo que pasa y por qué no debe seguir pasando. Más aún, si hablamos de romper prejuicios sobre África y la RD del Congo (RDC), esta historia de Pakadjuma debería servir también para darnos cuenta de que los africanos, las congoleñas y congoleños no son, por sistema ni por gusto, unos demandadores de ayuda y donaciones de nuestro Primer Mundo -que tanto les debe- sino que, siempre que pueden, saben ayudarse entre sí y no faltan personas que se sacrifican para que la gente que vive a su alrededor haga eso, vivir, no malvivir o sobrevivir.

Pakadjuma en un barrio kinois, esto es, un barrio de Kinshasa -kinois y kinoise son el gentilicio congoleño para los habitantes de la capital-. Posiblemente el más depauperado de la, posiblemente, mayor urbe del continente africano. Para conocerlo hemos hablado con una persona implicada en su día a día, en los que recorre sus calles y conoce a sus habitantes. Se trata de Éliane Kibubi, fundadora y presidenta de Fondation Pakadjuma Résilience. 


Este barrio está situado en la comuna de Limeté y tiene 20 años de existencia, cuando lo poblaron congoleños y congoleñas expulsados de Brazzaville -capital del otro Congo, el "francés"-, principalmente comerciantes de provincias del norte de la RDC. Está situada "
a menos de 20 minutos de la Comuna de Gombe, reputada como la comuna de la "alta sociedad" y la que alberga casi todas las instituciones" nos cuenta Éliane que apunta una de las más importantes particularidades de este barrio de unos 50.000 habitantes, donde "el 60% son mujeres jóvenes que viven con menos de medio dólar al día. Esta precariedad es la puerta abierta a muchas desviaciones como el alcohol y la prostitución. Estas mujeres, en su mayoría prostitutas muy jóvenes (14-17 años) no tienen educación y/o abandonan sus estudios".

domingo, 18 de septiembre de 2022

¿Y si la República Democrática del Congo fuera como Argelia?

La guerra de Ucrania nos está mostrando, entre otras cosas, las variadas maneras de utilizar los recursos económicos y naturales para someter al enemigo, una táctica que, por otra parte, a quien más daña es a los pueblos de los diferentes contendientes mucho antes que a sus gobiernos, que son los que toman las decisiones. Aunque tanto Rusia como los países que apoyan a Ucrania están utilizando la imposición de sanciones y restricciones sobre recursos que el otro bando necesita, el foco mediático está puesto especialmente en el uso como arma de guerra que Vladimir Putin está haciendo de sus inmensos recursos de hidrocarburos, especialmente del gas, del que dependen por completo países como Alemania. 

Por supuesto, esto no se ha inventado ahora y ha sido utilizado por todos los bandos que han podido hacerlo, no sólo en tiempos de guerra, si no también como medida de presión contra rivales territoriales o económicos. En 2010 China impuso un embargo de tierras raras a Japón tras un conflicto en aguas que ambos reclaman y puso a parte de la industria japonesa en gravísimos aprietos. Desde 1998 Kirgyztán ha  limitado en varias ocasiones el paso de agua desde su territorio a Uzbekistán, como represalia en el conflicto que les enfrenta, con catastróficos resultados para la agricultura uzbeka. Tras la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y el nuevo régimen castrista en Cuba, el gigante norteamericano estableció un embargo comercial total que dura seis décadas y que, de diferentes formas, ha llegado a afectar a medicamentos y alimentos buscando, según documentos recientemente desclasificados, provocar "el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno".

Porqué la sanguinaria milicia de las ADF sigue masacrando en el Congo pese a las ofensivas

En noviembre de 2021 los ejércitos congoleño y ugandés iniciaron una lucha conjunta para acabar con la milicia musulmana ugandesa de las ADF...