En las dos anteriores partes de este reportaje, que se pueden leer a través de los enlaces que se encuentran al final de este artículo, hemos hablado de la producción petrolífera actual del Congo, pequeña en comparación con las de sus vecinos, y las desastrosas consecuencias para la zona donde se desarrolla. Hemos detallado los planes del gobierno congoleño para extraer la totalidad de sus reservas y dónde están, con un estrepitoso fracaso inicial -tras querer subastar sin suerte 27 yacimientos (bloques) petrolíferos- y su nuevo intento, mucho más ambicioso, y hemos dado un repaso inicial a las consecuencias que ello tendría.
Toca ahora detallar esas consecuencias, tan dañinas, no solo para las víctimas habituales del saqueo del Congo -su pueblo, sus tierras, sus ríos...- sino para el planeta entero -o mas bien para quienes lo habitamos- que convierte este artículo, dentro de su modestia, no solo en una obligada lectura sino en una necesaria reflexión para evitar males mayores en nuestro revuelto mundo.
EMPECEMOS HABLANDO DE TURBERAS PARA ENTENDER MEJOR LAS COSAS
La turba es un tipo de suelo húmedo formado por materia orgánica vegetal parcialmente descompuesta. Debido a la presencia de agua y la falta de oxígeno, la descomposición es muy lenta, por lo que la incorporación de materia vegetal procedente de la selva hace que se vayan formando depósitos de turba cada vez más profundos. Esto hace que las turberas actúen como excelentes sumideros de carbono. Las plantas de la selva en crecimiento eliminan el carbono de la atmósfera, pero cuando mueren, normalmente se descomponen y devuelven el carbono a la atmósfera. En un pantano tropical anegado durante todo el año la descomposición es solo parcial, lo que lleva a una acumulación de carbono en forma de turba
Nanqui Soto, de Greenpeace España, 20-11-2017
En 2017 un equipo de científicos liderado por los profesores Simon Lewis y Bart Crezee, de la Universidad de Leeds, descubrió las inmensas turberas que se encontraban bajo la selva tropical de la cuenca del río Congo, que cubrían -según una medición posterior- más de 16,7 millones de hectáreas -superficie mayor que la que ocupa Túnez- y una profundidad de hasta 3,5 metros, lo que las convertía en el complejo de turberas tropicales más extenso del mundo.
En 2022 descubrieron algo peor: que los 16 bloques petrolíferos que se proponía subastar el gobierno congoleño cubrían un millón de hectáreas de bosques pantanosos de turberas, además de poner en riesgo once millones de hectáreas de la segunda selva tropical del planeta -solo superada por la amazónica-. Referido solo a la extensión de turberas afectadas, Simon Lewis escribía el 22 de julio de 2022:
Si se destruyera por la construcción de carreteras, oleoductos y demás infraestructura necesaria para extraer el petróleo, estimamos que se podrían liberar hasta 6.000 millones de toneladas de CO₂, lo que equivale a las emisiones actuales de gases de efecto invernadero del Reino Unido durante 14 años
Como explicábamos en el anterior artículo, la oferta de 27 bloques petrolíferos -que eran 16 en un principio- acabó en un completo fracaso y el gobierno las retiró... Pero en mayo del 2025 volvió a la carga con mucha más fuerza, poniendo para licitación internacional 52 bloques petrolíferos. Los cálculos de Simon Lewis se realizaron cuando eran 16 los yacimientos a subastar, por lo que todo puede ser mucho peor.
MÁS MADERA. DEFORESTACIÓN Y EMISIONES DE CO2 POR TODOS LADOS
Sin tener en cuenta los futuros yacimientos petrolíferos, la deforestación por tala o cambio de uso del terreno ya aporta astronómicas cantidades de CO2 a la atmósfera. En 2002 el gobierno congoleño estableció una moratoria sobre la tala de madera en sus bosques. Por supuesto, esta moratoria fue repetidamente violada, entre otros, por grupos armados en los Parques Nacionales, por algún alto oficial del Ejército e, incluso, por militares ugandeses miembros de las fuerzas de paz de la Comunidad de África Oriental. El propio gobierno, utilizando todo tipo de trampas, se saltó su limitación de no realizar concesiones superiores a 500.000 hectáreas, y concedió varios millones.
Finalmente el 9 de julio de 2021, en Consejo de ministros se aprobaron diez medidas "urgentes para la gestión sostenible de los recursos naturales de la RDC" que, paradójicamente, acababan con la moratoria de tala de los bosques. Según la ministra de Medio Ambiente, Eve Bazaiba, "está motivada por el deseo de mejorar la gobernanza ambiental y de alinear a la República Democrática del Congo con sus pares, en vista del contexto global dominado por el cambio climático y los problemas políticos, económicos y financieros que de él se derivan".
A estas alturas los bosques y selvas de la cuenca del río Congo ya están suficientemente degradados, especialmente los de la RDC, pero la enormidad de este espacio tropical aún deja margen para empeorar las cosas. Un informe de Greenpeace cifraba en 34.400 millones de toneladas de CO2 el coste de la deforestación de África Central para 2050. Una buena ayuda para abocarnos al colapso como especie.
EL DOBLE JUEGO DEL PRESIDENTE CONGOLEÑO TSHISEKEDI Y SU "PAÍS SOLUCIÓN".
Con sus bosques, agua y recursos minerales, la República Democrática del Congo representa una verdadera solución a la crisis climática. Para proteger nuestros bosques y promover su gestión sostenible, nuestra prioridad en esta nueva alianza es fortalecer la gobernanza y la transparencia en todos los sectores del uso de la tierra. Esta alianza también respaldará nuestra ambición de abordar el doble desafío de la seguridad alimentaria y el cambio climático mediante la agricultura sostenible, principalmente en las sabanas
De hecho, gracias a su riqueza en recursos naturales, la RDC desempeña un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático. Los recursos naturales de la República Democrática del Congo fueron clave en la actual transición ecológica y ahora son esenciales en el debate sobre la lucha contra el cambio climático
afirmó en la misma cumbre Eve Bazaiba, viceprimera ministra y responsable de medio ambiente en el gobierno.
El presidente, la responsable de medio ambiente... todo el mundo con un mínimo de conocimiento del país sabía y sabe que lo que guarda el Congo, mal utilizado, puede provocar una catástrofe en todo el planeta... y que debe preservarse. Pero ese mismo gobierno y el presidente del país son los que impulsaron en 2022 abrir esas selvas y esas turberas, contaminar ese agua dulce y reducir esa capacidad "secuestradora" de carbono como inevitablemente ocurriría al abrir 27 yacimientos petrolíferos como pretendían y, fracasado ese intento, son los mismos que apuestan por lo mismo, corregido y aumentado, con 52 nuevos proyectos. La explicación es más sencilla de lo que parece y no es la que han argumentado.
TODO EL DAÑO QUE EL SAQUEO DEL PETRÓLEO CONGOLEÑO PUEDE PROVOCAR
A nivel mundial las turberas ya están sufriendo importantes daños por su utilización agrícola o por degradación al eliminar o alterar la vegetación; las consecuencias son unas emisiones anuales de 2.000 millones de toneladas de CO2, el 5% de nuestras emisiones. Tan evidente resulta lo nocivo que es la destrucción de una zona de turberas que la República Democrática del Congo, sus vecinos de la República del Congo -con una producción mucho mayor de petróleo- e Indonesia -aportando su experiencia en daños y conservación- firmaron en 2018 un acuerdo, que desde la ONU calificaban de "histórico", para protegerla, sin menoscabo del desarrollo de ambos países.
La conservación y el desarrollo pueden ir de la mano. Lograremos conservar las turberas si priorizamos las necesidades de las personas. Podemos ayudar a los países a comprender mejor la naturaleza única de las turberas y a planificar cuidadosamente cualquier uso potencial.
Erik Solheim, director de ONU Medio Ambiente.
Pero, como es sabido, nada es más fácil de incumplir que una tregua en una guerra o un acuerdo internacional histórico para la protección del medio ambiente... y la realidad es la que estamos contando.
Los primeros damnificados de abrir turberas y selvas a las explotación petrolífera, a sus infraestructuras como kilométricos oleoductos y carreteras, transporte, etc. serán el pueblo congoleño, la fauna y el medio ambiente; nada nuevo. Puede servir como referencia el desastre creado en Muanda, la única zona congoleña explotada petrolíferamente y cuya realidad ya comentamos en la segunda parte de este reportaje.
Pero esta vez el resto del mundo no se librará de unas consecuencias terribles. De una parte tenemos todo ese carbono almacenado, que puede convertirse en nuevas emisiones que sumar a las que ya tenemos y somos incapaces de reducir. Para hacernos una idea del impacto que esos 29.000/30.000 millones de toneladas que guardan las turberas podrían tener en nuestra saturada atmósfera, pensemos que son una cantidad similar a la que uno de los grandes contaminadores mundiales, Estados Unidos, expulsa en mas de seis años.
El daño no se limita al carbono acumulado que desde turberas y selvas volvería a la atmósfera, sino al que es capturado cada año y que permanecería calentando el planeta. Y la cuenca del Congo absorbe cada año 1.500 millones de toneladas de dióxido de carbono.
La cuenca del Congo es una de las últimas regiones del mundo que absorbe más carbono del que emite. Debemos encontrar la manera de satisfacer las necesidades energéticas cruciales para el desarrollo sin sacrificar las turberas ni los servicios esenciales que estas proporcionan a las personas y a la economía
Doreen Robinson, jefa de Biodiversidad y Tierras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)
Las turberas, junto a los humedales, son los mejores sumideros de CO2. Si las dañamos severamente y aumentamos la deforestación de la selva congoleña... aumentamos las emisiones y reducimos las capturas de dióxido de carbono. La cuenta es fácil y podemos olvidarnos, si alguna posibilidad quedaba, de no sobrepasar los 2º centígrados. Lo que viene después ya lo vamos intuyendo.
No hay posibilidad de limitar el calentamiento global a 2 °C o 1,5 °C si no conservamos los sumideros de carbono existentes, como las turberas...
Mark Radka, jefe de la Subdivisión de Energía y Clima del PNUMA
¿CÓMO SE VA A PERMITIR EL MUNDO DEJAR BAJO TIERRA TODO ESE PETRÓLEO?
La RDC emite poco más de seis millones de toneladas de CO2 por quema de combustibles fósiles y tiene una huella de carbono de 0,06 toneladas por persona -mientras que en España está en torno a las 6 toneladas- a la par que solo un 22% de la población tiene acceso a la electricidad en sus hogares. Y recordemos que la cuenca del río Congo absorbe cada año unos 1.500 millones de dióxido de carbono... ¿Hay derecho, entonces, a impedir que este país extraiga el petróleo que posee y se eleve su desarrollo socioeconómico para proteger el planeta que hemos alterado con nuestro consumo y elevado nivel de vida? Sería una nueva injusticia.
La explotación petrolera se presenta a menudo como una solución a las necesidades de desarrollo. Pero en realidad, la mayor parte de la riqueza termina en manos de empresas de combustibles fósiles, bancos y otros intereses especiales o corruptos
La amenaza inminente de la expansión del petróleo y el gas en África noviembre 2022, RFUK
Pero el petróleo que se extraiga va a ir principalmente a la exportación, a nuestro consumo y a elevar o mantener un nivel de vida basado en el derroche energético. El dinero que por ello ingrese el erario público congoleño, aunque cada uno de sus millones de dólares acabara en él, no podría compensar los daños para el medio ambiente y la población que los bloques petrolíferos subastados provocarían. Entre otros contaminarían la tierra, el agua y el aire del que y en el que viven millones de personas durante décadas y arruinaría los medios de vida -o supervivencia- de todas esas personas. Las riquezas del Congo siempre han traído más sufrimiento que desarrollo a su pueblo y esta vez no tiene porqué ser diferente.
Se estima que más de un millón de congoleños que viven en la zona de subasta podrían verse directamente afectados por la grave contaminación petrolera, así como los centros de población ubicados aguas abajo, incluyendo Kinshasa
La amenaza inminente de la expansión del petróleo y el gas en África noviembre 2022, RFUK
Si lo vemos desde nuestro punto de vista, más petróleo en el mercado abarataría el precio no solo del combustible de nuestros coches, sino de la producción de alimentos y demás bienes que consumimos.
Los costos económicos a largo plazo de los daños a los ecosistemas superan con creces las ganancias financieras a corto plazo derivadas de la explotación de los recursos
Doreen Robinson, jefa de Biodiversidad y Tierras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Y eso hablando en términos financieros o monetarios. Lo que es incalculable es la repercusión que la entrada de miles de millones de toneladas de dióxido de carbono en la atmósfera puedan tener para el clima planetario y sus repercusiones en forma de eventos climáticos catastróficos -huracanes, olas de calor o frío, sequías, inundaciones...- además de asegurarnos que las líneas rojas marcadas por la ciencia para no entrar en una situación de no retorno y de caos climático se verían superadas. No podemos permitirnos el lujo de emitir millones de toneladas de CO2.
CONCLUSIONES QUE NO DEBERÍAN QUEDAR OLVIDADAS TRAS SU LECTURA
Ahora es distinto... Destrucción de selvas, de biodiversidad, de lugares y medios de vida para millones de personas, de gorilas, okapis, elefantes... Nuestro mundo podría asumirlo y le sale a cuenta si la explotación del petróleo congoleño a costa de sus selvas y turberas no nos impactara desastrosamente, nos guste o no, creamos en ello o no, por mucho que en un principio nos pueda "alegrar" la economía y sus efectos, obviamente, no se manifiesten de la noche a la mañana.
Quienes estamos preocupados por a dónde va este mundo y quienes lo habitamos, más allá de lo cercano o lo inmediato, leemos cada día noticias descorazonadoras que muestran cómo estamos haciendo exactamente lo contrario de lo que debiéramos para no acercarnos al desastre. Pero ésta no debe ser una más ni nuestra reacción debería quedar en llevarnos las manos a la cabeza. Habrá un antes y un después si los bloques petrolíferos son subastados y puestos en explotación... y el después no tendrá marcha atrás.
Cada cual debe hacer lo que pueda -y países, organismos internacionales, organizaciones, etc. etc. deberían hacer lo mismo- para que el petróleo congoleño no se toque. El Congo, tal y como está en cuanto a sus selvas, turberas, etc. beneficia más al mundo que la explotación de su petróleo y su gas, y el mundo debe compensar justamente al pueblo congoleño por ello. Transformar extensas zonas de "captadoras" de CO2 a emisoras y liberar miles de millones de toneladas en un tiempo relativamente corto arruinará al Congo y nos salpicará al resto de una manera dolorosa.
@CongoActual
visita la 1ª parte de este reportaje (cortesía de Cleophas Singizwa):




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