domingo, 9 de agosto de 2026

Mercenarios en el Congo, otra historia que se repite


La presencia de mercenarios en el Congo no es nada nuevo y va parejo a su independencia y a las guerras que se desataron tras ésta. Los primeros habrían empezado contratados por la independizada provincia de Katanga que a través del irlandés Mike Hoare reunió a veteranos británicos y alemanes de la Segunda Guerra Mundial como oficiales de jóvenes blancos de Sudáfrica, Rodesia y Namibia.

El golpe de Estado de Mobutu en 1965 acabó con los mercenarios como fuerza de combate y pasaron a ser durante un tiempo sanguinarios represores al servicio del dictador. Durante ese período se rebelaron en varias ocasiones. A esta mezcla de aventura y destrucción también se unieron unas decenas de españoles de la España franquista.

Pero los últimos tiempos el Este congoleño ha vuelto a tener entre sus combates a extranjeros a sueldo por parte del gobierno congoleño. Al margen de rumores, me voy a referir a lo que está comprobado.

Podemos empezar por los mercenarios rumanos que se encontraban en la ciudad de Goma cuando fue tomada por el M-23… y que no cumplieron con su misión. Los rumanos, pertenecientes a dos compañías privadas, estaban en la República Democrática del Congo (RDC) desde 2022 como instructores, protegiendo determinadas zonas y colaborando en misiones con el Ejército congoleño. Tras la huida del Ejército de Goma, donde apenas presentaron batalla al M-23, cerca de trescientos rumanos abandonaron armas y bagajes y se refugiaron en un cuartel de los cascos azules.

Tras varias negociaciones los rumanos, vestidos de civil, se entregaron al M-23 en una operación dirigida por uno de sus principales oficiales, el fallecido Willy Ngoma. Tras registrarlos, los rumanos fueron montados en autobuses que cruzaron a la cercana Ruanda -el enemigo que estos mercenarios debían haber combatido además de a los milicianos del M-23- con destino al aeropuerto de Kigali, donde acabó una aventura que les reportaba a cada uno varios miles de dólares mensuales, frente a los cien o trescientos que cobra de un soldado congoleño.

Según informaciones del grupo de expertos de la ONU sobre la RDC, al menos desde julio de 2025 personal salvadoreño realizaba apoyo logístico en la ciudad de Kisangani, fuera de la zona de combate, pero posteriormente pasaron a primera línea en zonas de combate como Walikale, Baraka o Kalemie. Se trataba de unos trescientos ex policías y ex militares salvadoreños.

Detrás de todo ello estaba una empresa con un curioso nombre, Importaciones de Productos Americanos S.A., fundada por dos militares salvadoreños retirados. Estos mercenarios, que según los expertos cobran 4.225 dólares mensuales, han sufrido, no obstante, lo que es el Congo en todos los sentidos: la mitad de ellos ha regresado a su país por impagos o enfermedades contraídas sobre el terreno.

La utilización de drones ha protagonizado la guerra en el último año aproximadamente y ha equilibrado la balanza, negativa hasta entonces para el Ejército congoleño, además de haber sido utilizados para acabar, mediante ataques directos, con miembros de la cúpula militar, como su portavoz y mediático líder Willy Ngoma, muerto en un ataque en el que líder militar Sultani Makenga fue herido de gravedad. En principio han sido pilotos extranjeros los que han manejado estos drones, cuya base está en el aeropuerto de la citada Kisangani. Salvadoreños, de los que antes hablábamos, y argelinos han manejado estos ingenios mientras se ha ido formando a personal militar congoleño.

Y aquí aparece Erik Prince, fundador de la “compañía militar privada” Blackwater que, con un entramado de empresas, ha firmado diversos contratos con el gobierno congoleño a través de su empresa, Quantum Global Consulting, con sede en los Emiratos Árabes. Sus servicios son bastantes amplios. Como Vectus Global, trabajan para el ministerio de Finanzas, recaudando impuestos en las zonas mineras y luchando contra el contrabando de minerales, retirando el Ejército a sus fuerzas en el control de las minas para que las sustituyan esta “guardia minera privada”. Por su parte la filial Quantum Global Consulting Africa presta apoyo militar al Ejército congoleño.

El gobierno congoleño gasta así millones y millones de dólares mientras mantiene a miles de soldados mal pagados -cuando les paga-, mal pertrechados y mal alimentados, que de esta manera enfrentan a un enemigo muchas veces más preparado. Desmotivados, se juegan la vida y el futuro de sus familias -cuyas viudas muchas veces quedan desamparadas-.

Una de las peores cosas que le ocurren al Congo es que la Historia se va repitiendo machaconamente, lo malo que pasó vuelve a ocurrir una y otra vez, metido su pueblo en un círculo destructivo que los ahoga. La vuelta de los mercenarios es una muestra de ello y aboca al país, más que a soluciones pacíficas, a una continuidad de los conflictos armados y a otra variante del saqueo de la riqueza nacional.

@CongoActual


Publicado originalmente en Diario El Común el 28 de julio de 2026


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