Se llamaba Étienne, tenía 93 años, lo que lo convertía, más aún si miramos esta fotografía, en un simpático abuelo, quizá bisabuelo, que abrazaba tiernamente a sus nietos y en cuyos brazos estos se sentían seguros; seguramente, también habrá sido un ejemplo a seguir para sus tres hijos. Entre sus innumerables cargos en gobiernos, empresas e instituciones, fue el primer presidente de la Agencia Internacional de la Energía, jefe de gabinete del Ministerio de Asuntos Exteriores, presidente de Brussels Airlines, nombrado ministro de Estado en 2004, varias veces vicepresidente de la Comisión Europea y presidente del Club Bilderberg durante trece años. Nadie diría que estuvo implicado en el secuestro, humillación, tortura, asesinato y descuartizamiento del primer dirigente elegido democráticamente que tuvo el Congo, crimen que truncó cualquier futuro digno y democrático para aquella, entonces, recién nacida nación. Se iba a iniciar un juicio contra él pero el pasado 18 de mayo, mientras escribíamos este artículo, murió. Será la Historia la que tendrá que juzgarlo.






