La República Democrática del Congo (RDC) produce 17.000 barriles de petróleo diarios. Casi todo se dedica a la exportación, por lo que la mayoría de los 25.000 barriles que necesitan para su consumo diario son importados. Esos 17.000 barriles son una bagatela al lado de los 300.000 aproximadamente de media que producen sus vecinos congoleños, la República del Congo o los 700.000 que Angola extrae en el enclave de Cabinda (antiguo Congo portugués), una extensión de menos de 8.000 km2 aislada del resto del país y rodeada por los dos Congos y el Atlántico. Todo ello producido frente a la costa atlántica con referencia en la desembocadura del río Congo.
Actualmente la única petrolera que explota yacimientos congoleños, tanto en el mar como en tierra, es la franco-británica PERENCO que pese a, como siempre, ser abanderado del medio ambiente desde su página web, acumula diferentes denuncias a nivel internacional sobre derrames, contaminación, prospecciones ilegales y sobornos, además de haberse opuesto en Perú a la construcción de una reserva indígena en Napo-Tigre.
Comenzó sus trabajos en 2001 y parte de sus prospecciones están al lado de Parque Marino Nacional de los Manglares. Sus trabajos han tenido graves consecuencias para la naturaleza y las comunidades locales. En 2013 una investigación del gobierno congoleño constató la contaminación del suelo sufrida en Muanda, que tiene en su costa al citado Parque Marino, y la duplicación de los casos de enfermedades respiratorias atendidas en los centros de salud de la zona desde el comienzo de las operaciones de la petrolera. Esto llevó a dos ONGs francesas a denunciar en noviembre de 2022 a la empresa en París, donde tiene su sede social. En febrero de 2025 la empresa reconocía "incidentes [ambientales] relacionados con sus operaciones", pero, además de situarlos en el pasado, los calificaba de "localizados, menores y escasos".
Otra investigación, ésta de 2022, promovida por la organización congoleña Resources Naturelles et Développement (RENAD), denunciaba la exposición de las poblaciones de Kitombe, Kinkazi, Liawenda y Tshiende a altas concentraciones de benceno y otros tóxicos presentes en los humos que desprendían las actividades de PERENCO y que se acumulaban en el suelo y en el agua. La contaminación lumínica por la quema de gas "despistaba" a aves e insectos, lo que afectaba a la biodiversidad y la falta de polinización a la producción agrícola de la que depende los habitantes de la zona.
En un estudio de 2025 de la revista Pan African Medical Journal sobre el impacto en la salud y el medio ambiente en la zona de salud de Muanda por la explotación petrolífera, se lee:
La situación de contaminación en Muanda es particularmente alarmante. Se observan quemas continuas, fugas y derrames de petróleo en campos agrícolas, así como en ríos y mares, y pozos petrolíferos ubicados en las inmediaciones de las viviendas. Además, la contaminación de las aguas subterráneas es una gran preocupación para los residentes, ya que compromete la calidad del agua potable.
Pero, como era de esperar, PERENCO ya se había procurado protección "oficial" para sus tropelías. El informe de la investigación de RENAD abre con el fragmento de una carta que el entonces director general de la compañía enviaba a la Inspección de Agricultura, Pesca y Ganadería el 16 de septiembre de 2005:
…En cualquier caso, el Inspector de Agricultura y el representante de la Compañía trabajarán en estrecha colaboración no solo para salvaguardar los intereses de PERENCO-REP, sino también para poner fin, en la medida de lo posible, a cualquier queja que las comunidades rurales pudieran presentar a raíz de una evaluación incorrecta de los daños causados a sus cultivos o de una indemnización que consideren injusta…
Esta colaboración con el poder viene sin duda desde la misma instalación de la petrolera en el país, pues el grupo internacional de periodistas de investigación europeos Investigate Europe documentó pagos de la petrolera por más de un millón de dólares a empresas relacionadas con Joseph Kabila, presidente de la República Democrática del Congo de 2001 a 2019.
EL GRAN INTENTO DE SACAR TODO EL PETRÓLEO Y EL GAS DEL SUELO CONGOLEÑO
El presidente congoleño Felix Antoine Tshisekedi parece decidido a poner en venta todas las riquezas que posee el país y a finales de 2021 se decidió la subasta de 16 bloques (yacimientos) petrolíferos y 3 de gas aunque, finalmente, el 28 de julio de 2022 fueron 27 bloques petrolíferos los que se lanzaron a la licitación internacional . El objetivo era reducir la dependencia de la minería, acelerar el desarrollo del país, mejorar las condiciones de vida del pueblo congoleño y convertir a la RDC en uno de los gigantes africanos del petróleo. En medio de todo... muchísimo dinero y riesgos catastróficos.
Según el gobierno, el 85% del potencial petrolífero del Congo estaba sin explorar. El ministro de Hidrocarburos de entonces, Didier Budimbu, un personaje de pasado no precisamente intachable en sus años en Bélgica, ya en 2023 hablaba de unas reservas de casi 22.000 millones de barriles de petróleo y 66.000 millones de metros cúbicos de gas natural, lo que supondría ingresos anuales de mas de 30.000 millones de dólares.
Pero el otro platillo de la balanza la desequilibraba. Hasta doce de los proyectos se superponían sobre áreas protegidas, Parques Nacionales y turberas. Los proyectos abarcaban 240.000 kms2 (casi media España) de terrenos y la decisión gubernamental llegaba unos meses después de la concesión durante la cumbre contra el cambio climático de Glasgow (COP26) de 500 millones de dólares a la RDC para conservar sus bosques y las inmensas cantidades de carbono que guardan.
Al superponer nuestro nuevo mapa de turberas sobre un mapa de concesiones petroleras, descubrimos que la próxima venta de derechos para explorar combustibles fósiles incluye cerca de un millón de hectáreas de bosque pantanoso de turba. Si se destruyera por la construcción de carreteras, oleoductos y demás infraestructura necesaria para extraer el petróleo, estimamos que se podrían liberar hasta 6.000 millones de toneladas de CO₂, lo que equivale a las emisiones actuales de gases de efecto invernadero del Reino Unido durante 14 años
Los efectos de la explotación de estos yacimientos petrolíferos y gasísticos no afectaban solo a los bosques, a su biodiversidad y a la fauna que los habita, ni sus consecuencias se quedarían en el Congo o en la región. Greenpeace era muy claro en las consecuencias que tendrían:
Si este proyecto no se detiene, tendrá consecuencias devastadoras para el clima, pero también para las comunidades locales. Los pueblos indígenas, que ni siquiera conocen este plan, podrían ver sus vidas afectadas de forma irreversible. No se trata solo de intereses financieros o económicos; están en juego las vidas de millones de comunidades congoleñas y de millones de personas en todo el mundo, y ninguna cantidad de dinero puede compensarlo…
La deforestación que provocaría, de por sí dramática, no quedaría limitada a la propia explotación petrolífera, sino a su transporte. Como apuntaba el activista e investigador Jacques Mukena en su artículo ¿Tiene futuro la explotación petrolífera en la República Democrática del Congo? (28 de noviembre de 2024) referido al petróleo extraído en la cuenca central sería necesario la construcción de un oleoducto que tendría que atravesar cientos de kilómetros de densos bosques.
El anterior presidente, Joseph Kabila, también muy amigo de vender las riquezas congoleñas, ya intentó que el petróleo congoleño se extrajera, con nulos resultados. Algo así ocurrió con los 27 bloques petrolíferos puestos a subasta por Tshisekedi. La escasa respuesta a la convocatoria de 2022 obligó al gobierno congoleño a alargar los plazos en marzo de 2023, pero el fracaso fue el mismo. Finalmente, el 14 de octubre de 2024 se anunciaba su cancelación total.
Según el gobierno congoleño las licitaciones se cancelaban por falta de solicitudes, presentaciones tardías, ofertas inapropiadas o irregulares e insuficiente competencia. Pero la falta de candidatos la explicaba de otra manera Thierry Vircoulon, investigador asociado del Instituto Francés de Relaciones Internacionales: "El gobierno congoleño tiene una pésima reputación en el mundo empresarial. Demasiados inversores han sufrido pérdidas con los sucesivos gobiernos congoleños como para embarcarse en este tipo de operaciones".
Pero en cambio, y por desgracia, los bloques gasísticos, los tres situados en la parte congoleña del lago Kivu, sí tuvieron "novias". Como cita el congoleño Cleophas Singizwa, director de proyectos industriales en Kongo-Green, en un artículo publicado por nosotros en España:
El gas metano (CH4) en el lago Kivu, con un volumen de 55 km³, y su dióxido de carbono (CO2), con un volumen de 250 km³, constituyen un peligro de la misma magnitud que una bomba de tiempo
Remover el lago Kivu de manera incorrecta con medios ineficaces manejados por personal poco experimentado puede producir una erupción límnica que liberaría el CO2 y podría provocar una catástrofe con decenas de miles de muertos. Las empresas adjudicatarias ofrecen poca o ninguna confianza:
-Winds Exploration and Production, con sede en Houston pero "incapacitada legalmente" para trabajar en el Estado de Texas por impagos
-Symbion Energy, norteamericana también, especializada en conseguir contratos en zonas de guerra de Irak y Afganistán
-Alfajiri Energy, canadiense, la más peligrosa de todas. Creada para la ocasión, elegida pese a incumplir las normas, sin capital, medios ni experiencia conocidos para realizar las perforaciones.
No es ninguna novedad, y el truco no es nuevo -conseguir una licitación sin intención de trabajar en ella, sino venderla a otra empresa mayor por más dinero-. En 2010 Jospeh Kabila concedió un bloque petrolífero -aunque luego todo acabó en nada- a dos empresas, Caprikat y Foxwhelp, participadas por empresarios afines al presidente que, como en el caso de Alfajiri, habían sido creadas poco antes de recibir la concesión y carecían de experiencia.
PERO EL MUNDO SIGUE AMBICIONANDO EL PETRÓLEO CONGOLEÑO
Hace poco más de un año, el 2 de mayo de 2025, el gobierno congoleño, tras su Consejo de Ministros, parecía apuntarse al dicho castellano de sostenella y no enmendalla, pues, tras el fracaso de la subasta de 27 bloques petrolíferos... sacaba a subasta 55 -tres de ellos al parecer ya adjudicados-. En palabras del entonces ministro de Hidrocarburos, Aimé Sakombi Molendo, el fracaso anterior se debió a "un código petrolero poco atractivo, la falta de datos sísmicos precisos y la presencia de áreas protegidas en los bloques propuestos". Respecto a las áreas protegidas se podía leer en el acta del citado Consejo de Ministros:
...esta división de la Cuenca Central, realizada con la asesoría del Ministerio de Medio Ambiente, permitió la creación de los mejores bloques disponibles para la exploración, tras la verificación de datos técnicos, respetando así los límites de las áreas protegidas que previamente habían sido objeto de críticas por parte de organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil
Pero la evidencia decía algo muy distinto.
La organización Earth Insight mediante análisis geoespaciales mapeó la ubicación de los nuevos bloques petrolíferos, que iban mucho más lejos que la propuesta de 2022 y abarcaban una superficie tan grande como Francia. Los nuevos proyectos cubrían 8,3 millones de hectáreas de áreas protegidas, 8,6 millones de hectáreas de Áreas Clave para la Biodiversidad y 66,8 millones de hectáreas de bosques tropicales intactos. Por no hablar, todavía, del Corredor Verde.
El peligro para la población congoleña y las comunidades locales es fácil de deducir con más datos de esta investigación pues los 55 nuevos bloqueos petrolíferos comparten territorio con 39 millones de personas y el 63% de bosques comunitarios de los que depende la vida y la alimentación de pueblos y comunidades.
El Corredor Verde es una extensión de terreno de mayor tamaño que España que va desde el torturado Este congoleño hasta Kinshasa y que debe ser gestionada de manera sostenible. 28 de los nuevos bloques petrolíferos están sobre el Corredor Verde, ocupando el 73% de su superficie. Fue aprobado por decreto en enero de 2025 y solo cuatro meses después el mismo gobierno aprobada el proyecto de bloques petrolíferos que lo ocupaban mayormente, cubriendo de fango la credibilidad del ejecutivo y el país.
Pero mientras el desarrollo de estos bloques petrolíferos está pendiente, el gobierno está centrado en crear o mejorar las diversas infraestructuras necesarias para el refinado y transporte del petróleo extraído, teniendo en cuenta que el país solo dispone de un oleoducto de 720 kms. y una anticuada refinería que solo funciona en parte. Tal es el afán de "ponerse al día" en explotaciones petrolíferas que en junio firmó un memorando de entendimiento con Argelia para aprovechar la experiencia de este país y promocionar los bloques petrolíferos, buscar inversores, etc.
Ese afán por explotar el petróleo congoleño viene alimentado también desde fuera por su vecino ugandés, embarcado en grandes proyectos petroleros junto a la francesa Total Energies en la falla albertina, que comparte con el Congo y en el EACOP, un oleoducto de 1.443 kms. y una capacidad diaria de 246.000 barriles que atravesará Tanzania y llevará el petróleo hasta la costa este africana y en el que el gobierno congoleño también estaría interesado. El 8 de mayo se estableció en Kampala una Comisión Permanente Conjunta entre los dos países sin que, como denuncian organizaciones de la sociedad civil congoleña, se haya "realizado ninguna evaluación de impacto independiente, transfronteriza y pública para los proyectos Tilenga, Kingfisher (Uganda) y el EACOP".
Otro actor que podría estar interesado en que el petróleo congoleño fluya puede ser el considerado hombre más rico de África, el nigeriano Aliko Dagonte, dueño de una de las refinerías más grandes del mundo en su país natal y que pretende construir otra que costaría unos 17.000 millones de dólares, que se alimentaría del petróleo ugandés. Su ubicación parece decantarse hacia Kenia, en detrimento de Tanzania, lo que evitaría el transporte a través del oleoducto citado.
¿TENEMOS DERECHO A FRENAR EL DESARROLLO CONGOLEÑO?
Esta pregunta tiene relación con un debate que no se quiere abrir: tras derrochar y seguir derrochando combustibles fósiles, tras llevar al límite al planeta con nuestras emisiones de CO2 y seguir manteniendo e incluso aumentando el ritmo de emisiones, nos ponemos "estupendos" con transiciones ecológicas, energéticas y verdes, diciéndoles a países subdesarrollados y sin apenas emisiones de CO2 que no deben seguir nuestro modelo y que deben desarrollarse según nuestras recién aprendidas pautas...
Pero, ¿es este el caso del Congo apostando por extraer todo el petróleo que tiene? No lo creemos. Las riquezas de este país son muchas más que el petróleo y se vienen explotando al límite desde hace décadas y cada vez más intensamente... y eso solo ha servido para mantener a su pueblo en la miseria -casi el 70% de la población es pobre-, desatar guerras recurrentes y enriquecer a algunos ciudadanos congoleños y a muchos "ciudadanos del mundo".
¿Por qué va a ser ahora distinto? ¿Va a servir el petróleo que se extraiga para crear una industria casi inexistente, para llevar electricidad y sus beneficios a una población que mayoritariamente carece de ella? No, las cuentas que hemos relatado de milmilllonarios ingresos son por la exportación de todo ese petróleo y gas y las regalías por su explotación, y no hay nada que indique que el proceso de reparto de esos millones va a ser distinto esta vez.
Pero esta vez las consecuencias van mucho más allá. Lo contamos en nuestro siguiente artículo pero de llevarse a cabo como está previsto este nuevo saqueo de recursos congoleños... el mundo se puede poner patas arriba y todos nosotros quedar cabeza abajo. Este nuevo saqueo sí que nos va a importar, no por los congoleños y congoleñas, que pocas veces importan, sino por nosotros y nosotras, que podemos dar un definitivo y doloroso paso al abismo -y no hay ninguna exageración en estas palabras-.
@CongoActual




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