viernes, 4 de noviembre de 2022

La octogenaria de la fotografía, la mujer de la que casi nada sabemos

Esta fotografía apareció el pasado fin de semana junto a otras muchas similares en esos días y casi nada sabemos de la mujer que la protagoniza, ni su nombre, ni de donde viene, ni siquiera si es octogenaria o nonagenaria, o si quienes aparecen junto a ella forman parte de su familia o camina sola. Sólo sabemos que, como tanta gente en esos días en el territorio de Rutshuru, R.D. del Congo, huía de los combates y del avance del M-23, un grupo armado que hace diez años ya aterrorizara a la población. No sabemos donde está, si sigue vagando o llegó a algún lugar determinado y espera el final de este nuevo conflicto en algún "campo de desplazados" para volver a su hogar, suponiendo que éste siga existiendo. Por no saber, ni siquiera sabemos si sigue viva o el esfuerzo de la huida acabó con ella.

Sabiendo tan poco, tenemos que suponer. Si su vida ha sido como la de tantas mujeres congoleñas de las zonas rurales, hace muchos años que esas espaldas que apenas la sostienen ya cargaron con sus hermanos pequeños y que luego, cargando sus hijos, muchos, según lo habitual, trabajó en el campo o, en definitiva, sacó a su familia adelante, quizás sin más ayuda. Y que ahora, con el último aliento, trata de seguir sobreviviendo.

Sabemos también que, si acaso, esta imagen podrá conmover a los pocos que la vean, si es que aparece en algún sitio más. Pero pasará desapercibida y no nos quitará el sueño, ni ésta ni otras muchas de estos días, ni muchas otras que se producen con frecuencia en la R.D. del Congo, de gente huyendo de otros combates, de otras violencias, de otros grupos armados, a pesar de ser iguales a las que hace unos meses ocupaban toda la actualidad y nos compungían, quizá porque estas son de otro mundo, de otra gente, porque por lo que allí pase ni nos cortarán el gas ni nos subirá la cesta de la compra y pensamos que algo así nunca nos ocurrirá a nosotros.


@CongoActual

 

martes, 18 de octubre de 2022

Pakadjuma: no es una historia más de un barrio pobre africano

Hemos asumido como normal imágenes o noticias de hombres, mujeres, niños y niñas de raza negra pasando hambre, huyendo para salvar su vida o malviviendo en aldeas o barrios. Y por muchas historias conmovedoras que nos cuenten, parece que las hemos reducido a una que tiene diferentes capítulos. La historia que vamos a contar no es una más, porque cada historia de sufrimiento humano es diferente y, aunque fuera un poco, debería alterar conciencias, obligar a reflexionar, siquiera sea un momento, por qué pasa lo que pasa y por qué no debe seguir pasando. Más aún, si hablamos de romper prejuicios sobre África y la RD del Congo (RDC), esta historia de Pakadjuma debería servir también para darnos cuenta de que los africanos, las congoleñas y congoleños no son, por sistema ni por gusto, unos demandadores de ayuda y donaciones de nuestro Primer Mundo -que tanto les debe- sino que, siempre que pueden, saben ayudarse entre sí y no faltan personas que se sacrifican para que la gente que vive a su alrededor haga eso, vivir, no malvivir o sobrevivir.

Pakadjuma en un barrio kinois, esto es, un barrio de Kinshasa -kinois y kinoise son el gentilicio congoleño para los habitantes de la capital-. Posiblemente el más depauperado de la, posiblemente, mayor urbe del continente africano. Para conocerlo hemos hablado con una persona implicada en su día a día, en los que recorre sus calles y conoce a sus habitantes. Se trata de Éliane Kibubi, fundadora y presidenta de Fondation Pakadjuma Résilience. 


Este barrio está situado en la comuna de Limeté y tiene 20 años de existencia, cuando lo poblaron congoleños y congoleñas expulsados de Brazzaville -capital del otro Congo, el "francés"-, principalmente comerciantes de provincias del norte de la RDC. Está situada "
a menos de 20 minutos de la Comuna de Gombe, reputada como la comuna de la "alta sociedad" y la que alberga casi todas las instituciones" nos cuenta Éliane que apunta una de las más importantes particularidades de este barrio de unos 50.000 habitantes, donde "el 60% son mujeres jóvenes que viven con menos de medio dólar al día. Esta precariedad es la puerta abierta a muchas desviaciones como el alcohol y la prostitución. Estas mujeres, en su mayoría prostitutas muy jóvenes (14-17 años) no tienen educación y/o abandonan sus estudios".

domingo, 18 de septiembre de 2022

¿Y si la República Democrática del Congo fuera como Argelia?

La guerra de Ucrania nos está mostrando, entre otras cosas, las variadas maneras de utilizar los recursos económicos y naturales para someter al enemigo, una táctica que, por otra parte, a quien más daña es a los pueblos de los diferentes contendientes mucho antes que a sus gobiernos, que son los que toman las decisiones. Aunque tanto Rusia como los países que apoyan a Ucrania están utilizando la imposición de sanciones y restricciones sobre recursos que el otro bando necesita, el foco mediático está puesto especialmente en el uso como arma de guerra que Vladimir Putin está haciendo de sus inmensos recursos de hidrocarburos, especialmente del gas, del que dependen por completo países como Alemania. 

Por supuesto, esto no se ha inventado ahora y ha sido utilizado por todos los bandos que han podido hacerlo, no sólo en tiempos de guerra, si no también como medida de presión contra rivales territoriales o económicos. En 2010 China impuso un embargo de tierras raras a Japón tras un conflicto en aguas que ambos reclaman y puso a parte de la industria japonesa en gravísimos aprietos. Desde 1998 Kirgyztán ha  limitado en varias ocasiones el paso de agua desde su territorio a Uzbekistán, como represalia en el conflicto que les enfrenta, con catastróficos resultados para la agricultura uzbeka. Tras la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y el nuevo régimen castrista en Cuba, el gigante norteamericano estableció un embargo comercial total que dura seis décadas y que, de diferentes formas, ha llegado a afectar a medicamentos y alimentos buscando, según documentos recientemente desclasificados, provocar "el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno".

domingo, 21 de agosto de 2022

¿Qué es el M-23?

PENDIENTE DE ACTUALIZACIÓN
El Movimiento 23 de Marzo (M-23) es un grupo armado congoleño formado mayoritariamente por personas de la etnia tutsi. Proviene de una rebelión dentro del Ejército congoleño en 2012 en protesta por las malas condiciones de vida y el impago de salarios, tan frecuente en la RDC, y toma su nombre de la fecha de los acuerdos de paz (23-3-2009) por los que el Consejo Nacional de Defensa del Pueblo (CNDP) -otro grupo armado tutsi que prosiguió la lucha en el Este congoleño tras los acuerdos de paz que pusieron fin a la llamada Guerra Mundial africana- abandonó las armas y muchos de su miembros se incorporaron al propio Ejército regular. Precisamente la mayoría de quienes participaron en esta nueva rebelión habían pertenecido al CNDP.

Uno de los líderes de la rebelión que dio lugar al M-23 fue Bosco Ntaganda -conocido como Terminator por su ferocidad- que, pese a tener una orden de detención en 2006 de la Corte Penal Internacional por la utilización de niños soldados en la guerra, fue ascendido a general de las Fuerzas Armadas congoleñas -si bien hoy cumple una condena de 30 años.

La rebelión del M-23 tomó tanta fuerza que sus hombres ocuparon la ciudad de Goma durante varios días. A finales de 2013, presionados por el Ejército congoleño y los cascos azules y la política de reinserción, el grupo armado anunció el cese de la lucha armada aunque no su disolución. El M-23 está acusado de asesinatos, saqueos, reclutamiento forzoso y, especialmente, durante su ocupación de la ciudad de Goma de violaciones masivas de mujeres y niñas.

En noviembre del 2021, pese a negarlo inicialmente, el M-23 reapareció en el territorio congoleño de Rutshuru, atacando y conquistando posiciones del Ejército. Desde entonces no ha cesado una guerra abierta con las Fuerzas Armadas congoleñas, pese a sucesivas treguas, que ha provocado el desplazamiento de decenas de miles de personas y durante la que han vuelto a ser acusados del asesinato de civiles. Actualmente ocupan la ciudad fronteriza con Uganda de Bunagana y otras aldeas.

Al M-23, como antes ocurriera con el CNDP, se le relaciona con el régimen ruandés, que lo estaría apoyando militarmente, como prueban hallazgos por parte del Ejército congoleño de material del Ejército ruandés y la notable diferencia con otros grupos armados del Este congoleño, al estar sus hombres pertrechados perfectamente como soldados e incluso utilizar artillería de gran calibre. La propia representante de la misión de la ONU -MONUSCO- Bintou Keita, ha llegado a afirmar"el M-23 se ha comportado cada vez más como un ejército convencional en lugar de un grupo armado" “El M23 posee potencia de fuego y equipamiento cada vez más sofisticado, específicamente en términos de capacidades de fuego de largo alcance, morteros y ametralladoras, así como fuego de precisión contra aeronaves”

domingo, 10 de julio de 2022

Y uno de los peores países del mundo para ser niña y mujer es...

Mujer congoleña con su hijo a la espalda iniciando el proceso de convertir la yuca en harina

Foto: Mango Dieudonné, tomada en la ciudad de Minova, provincia de Kivu del Sur. HABARIRDC

 

No está en Asia, como Afganistán o La India, no es un país musulmán, sino mayoritariamente cristiano. No suele salir en las noticias y ha tenido muchos nombres aunque siempre una realidad terrible para las mujeres y niñas. Es la República Democrática del Congo (RDC)

Las congoleñas no tardan mucho en experimentar lo que la vida les va a ir dando. Como niñas sufren pronto las desigualdades respecto a los niños, teniendo que ayudar o sustituir a sus madres en el hogar y recibiendo una menor educación. En la familia serán segundas madres para sus hermanos y comenzarán a forzar su espalda cargando a sus hermanos pequeños como luego harán con sus hijos. Todo ello influirá en el tiempo que dediquen a su asistencia a la escuela. 5,3 años es el tiempo medio de escolaridad de las mujeres congoleñas (Instituto de Georgetown para la Mujer, la Paz y la Seguridad) y a nivel nacional tienen un plan de estudios más reducido de primaria a secundaria (Les enjeux de l’éducation en RDC : priorité sur les filles, UNICEF) La evidencia de esta desigualdad entre sexos queda claramente expresada en este dato sobre analfabetismo entre personas de 15 a 49 años: 39,2% eran mujeres, 19,2% eran hombres (MICS-Palu 2018)

El abandono escolar de las niñas es superior al de los niños (en la capital, Kinshasa, 2/3 de los abandonos corresponden a niñas (UNFPA) En el caso del abandono en la enseñanza secundaria es debido, según UNICEF, en un 70% a la violencia que las adolescentes sufren en los institutos –casi la mitad de ella, violencia sexual. Pero, sencillamente, es que la mayoría de las niñas se quedan por el camino de la primaria y sólo una tercera parte sigue estudiando en secundaria (MICS-Palu 2018)

domingo, 10 de abril de 2022

Cuando una multinacional del oro hizo tratos con un sanguinario grupo armado en el Congo

AngloGold Ashanti (AGA) es una de las mayores multinacionales que explotan yacimientos de oro. La provincia de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo, es rica en yacimientos de oro que, en muchos casos, han sido y son controlados por grupos armados que financian su actividad con el tráfico ilegal de este mineral. Con estas dos premisas claras podemos empezar a contar esta historia.

La historia

En 1996 la oposición armada a la dictadura de Mobutu invadió lo que entonces se llamaba Zaire -hoy República Democrática del Congo, RDC- con el apoyo del nuevo régimen ruandés tutsi. Uno de los líderes de esa alianza, la AFDL, Laurent Kabila, que a la postre sería el nuevo líder del país, concedió permisos de explotaciones mineras -incluso sin tenerlas en su poder- tanto para pagar los apoyos de los países que lo ayudaron como para financiar los retos a que se enfrentaba una vez en el poder. Una de ellas fue la Concesión 40, situada en Mongbwalu, en la provincia de Ituri, en el noreste congoleño y que albergaba grandes reservas de oro. 

En 2001 la empresa sudafricana Ashanti Goldfields, predecesora de AGA, disponía de más de 8.000 kms. cuadrados de concesión. Para finales de 2003, tras dos terribles guerras y millones de muertos, alcanzada formalmente la paz, Ashanti estaba lista para comenzar a explotar la mina de oro concedida por el gobierno... Pero había un problema muy grande: que el gobierno no controlaba esa zona -como ocurría con otras zonas y sigue ocurriendo ahora- y el poder, de facto, estaba en manos de la milicia del Frente Nacionalista e Integracionista, FNI, grupo armado de la etnia lendu que, tras arrebatarle el territorio a la UPC, de etnia hema y con la que mantenía una lucha sangrienta, controlaba el territorio, el aeropuerto, las carreteras, sin que nada ni nadie se pudiera mover sin su permiso y sin pagar por ello. 

Ante esta situación, Ashanti tenía dos opciones: abandonar o retrasar su explotación de la concesión minera... o llegar a un acuerdo con el FNI, mirando hacia otro lado sobre

lunes, 21 de febrero de 2022

La mala conciencia internacional que hace sufrir al pueblo congoleño

La idea no es nuestra sino de los congoleños Stewart Muhindo Kalyamughuma y Bienvenu Matumo, en su artículo Rwanda déstabiliser le Congo pour mieux le piller, que sirve de base a éste. Para entender la relación entre esa mala conciencia y buena parte del sufrimiento del pueblo congoleño es necesario repasar, aunque sea muy por encima, varios hechos históricos relativamente recientes, unos más o menos conocidos, otros poco conocidos y otros prácticamente desconocidos. Este repaso, en sí mismo, nos sorprenderá.

El genocidio ruandés y quienes lo hicieron posible

Empecemos, por orden cronológico, con el hecho histórico más conocido: el genocidio ruandés de 1994 cuando, entre abril y julio de ese año, principalmente en las primeras semanas de ese período, ejército y policía ruandesa junto a extremistas de la etnia hutu, mayoritaria en el país, masacraron a cientos de miles de ruandeses de la etnia tutsi -minoritaria- y a hutus moderados. Nunca se conocerán las cifras exactas pero ese genocidio costó la vida a entre medio y un millón de personas. El genocidio sólo lo concluyó la victoria militar del Frente Patriótico Ruandés, de mayoría tutsi, en la guerra civil desatada con anterioridad al propio genocidio y que puso en el poder, desde entonces y hasta hoy, a Paul Kagame.

Es en las primeras semanas del genocidio cuando surgen motivos para crear después esa "mala conciencia" por la completa pasividad, y hasta consentimiento en algún caso, por parte de la comunidad internacional, incluída la ONU, durante esos terribles hechos. Ante las primeras matanzas de civiles, iniciadas la noche del 6 de abril de 1994, los cascos azules no pudieron hacer otra cosa que mirar y defenderse sin intervenir, pues ese era el mandato que tenían en esos momentos y que Naciones Unidas no cambió. El 12 de abril acababa el interés extranjero

Mercenarios en el Congo, otra historia que se repite

La presencia de mercenarios en el Congo no es nada nuevo y va parejo a su independencia y a las guerras que se desataron tras ésta. Los prim...