El 4 de diciembre no solo se firmó en Washington el refrendo de un acuerdo de paz entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda -que ha servido de poco-, mediando el propio Donald Trump sino que, aparte, el Congo y EEUU firmaban un acuerdo estratégico que ponía en manos norteamericanas buena parte de lo mejor de las reservas minerales congoleñas, convertía a la RDC en "socio estratégico" del gigante norteamericano y pegaba un volantazo a un conflicto de décadas. Aquí explicamos de qué se trata y lo que puede implicar.
En abril de 2019, el entonces embajador norteamericano en Kinshasa, Mike Hammer, declaraba:
El gran problema en el Congo es la corrupción. No habrá inversión estadounidense en este país debido a la inseguridad y la corrupción. La mayoría de las empresas estadounidenses se han ido de la RDC debido a la corrupción y la inseguridad. Y es una pena, porque hay oportunidades.
Tres años antes, Freeport-McMoRan, empresa minera de EEUU, que el año pasado ganó casi veinticinco mil millones de dólares, vendía su participación del 56% en la segunda mayor mina de cobre del Congo y la octava del mundo, Tenke Fungurume, y lo hacía a una empresa china, CMOC. En 2020, de nuevo se desprendía de su participación, esta vez de un proyecto minero de cobre y cobalto, también en favor de CMOC. En definitiva, las empresas mineras norteamericanas dejaban la RDC y, en muchos casos, como los anteriores, en favor de empresas chinas que explotarían lo que ahora se conoce como minerales estratégicos, fundamentales para que el mundo avance... y para dominarlo. Obviamente esto no impedía que la economía y la sociedad norteamericana consumiera minerales congoleños, "minerales de conflicto" en cuanto procedían de zonas en guerra.
Pero los tiempos han cambiado en tan pocos años. Los recursos naturales cada vez son más escasos, muchos de esos "minerales estratégicos" están en manos chinas a nivel mundial, con lo que ello conlleva, y en Washington manda una Administración decidida a acaparar todos los recursos naturales mundiales posibles. Hasta ahora, respecto a los minerales congoleños -y explicado muy sintéticamente-, los situados en el sur -zona relativamente tranquila- eran explotados por empresas canadienses, suizas... y sobre todo chinas. Los del este, sumido en incesantes guerras y con parte del territorio en manos de grupos armados, salían ilegalmente hacia Ruanda y Uganda, donde perdían su condición de minerales de conflicto, y acababan en los Emiratos Árabes, China... El caos creado por los grupos armados, el ineficaz ejército congoleño y los países vecinos favorecía que los minerales del este se contrabandearan en su mayor parte y llegaran a nuestras sociedades de consumo sin falta y baratos.
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca supuso un cambio radical, que empezaba con un afán por iniciar procesos de paz y conseguir acuerdos y un objetivo claro de controlar todos los minerales congoleños posibles. En cuanto a la paz, el 27 de junio la RDC y Ruanda firmaban en Washington un acuerdo que incluía importantes cláusulas económicas. La paz no ha existido ni un solo día desde entonces, incluso ha empeorado la guerra, pero sí se han producido reuniones y acuerdos económicos sobre los minerales congoleños. El citado acuerdo de paz se refrendó el 4 de diciembre por ambos presidentes, mediando el propio Trump, y ese día también se firmó un acuerdo estratégico entre EEUU y RDC con dos consecuencias: un cambio radical en el desarrollo del conflicto y un desembarco de empresas norteamericanas en el Congo.
El acuerdo de paz del 27 de junio no cambiaba sustancialmente la estructura del circuito de los minerales congoleños. Ruanda, gran aliado y protegido de EEUU seguía recibiendo el mineral congoleño -aunque ahora de manera más "legal"- y transformándolo en sus fundiciones. No había plazos para que los soldados ruandeses y los rebeldes del M-23 apoyados por el régimen de Kigali salieran de territorio congoleño.
En cambio, el acuerdo estratégico cambiaba en profundidad lo conocido hasta entonces en cuanto a los minerales congoleños y EEUU. Para empezar no estamos hablando de un acuerdo comercial, sino estratégico. Como reza el ARTÍCULO III.1 Estados Unidos reconoce a la República Democrática del Congo como socio estratégico de los Estados Unidos de América, categoría que tienen países como Japón, Argentina, Qatar... o la propia Unión Europea. Y éste surge, entre otras cosas,
Reconociendo el interés de los Estados Unidos en construir cadenas de suministro seguras, fiables y sostenibles de minerales críticos, proteger su seguridad nacional, apoyar la reindustrialización y mantener la competitividad en sectores estratégicos como la defensa, la energía, las tecnologías avanzadas y la industria automotriz.
Dentro de la cooperación económica, este acuerdo busca, por la parte que toca a EEUU, Facilitar una mayor inversión de ciudadanos estadounidenses y personas aliadas para diversificar el sector minero (..) Facilitar el acceso estable, predecible y a largo plazo de ciudadanos estadounidenses y personas aliadas a minerales críticos de la República Democrática del Congo para apoyar la seguridad, la protección y la prosperidad tanto de los Estados Unidos de América como de la República Democrática del Congo.
Por la parte congoleña se trata, por ejemplo, de impulsar inversiones que mejoren en general a la RDC, desarrollar reformas que mejoren las condiciones empresariales, gubernamentales y laborales, favorecer la transparencia... También se citan inversiones que, en el fondo, son necesarias para que las empresas norteamericanas que se instalen en territorio congoleño puedan desarrollar perfectamente su negocio, como la protección de infraestructuras críticas, apoyar la formalización e industrialización del sector minero artesanal y desarrollar el Corredor de Lobito y la superpresa de Inga. El primero es una antigua vía férrea que sacaría los minerales hasta el Atlántico y en la que EEUU viene invirtiendo desde los tiempos de Biden, y la segunda produciría parte de la energía eléctrica que requiere la industrialización que pretende este acuerdo.
Pero también están las cuestiones de seguridad y defensa:
Fortalecer las oportunidades de cooperación en materia de seguridad, defensa y protección de infraestructura crítica, en la salvaguardia de la integridad del territorio de la República Democrática del Congo y sus reservas minerales estratégicas, en la promoción de la estabilidad regional y en el apoyo a la paz y la seguridad en África Central, de conformidad con el derecho internacional aplicable y los marcos jurídicos internos de ambas Partes.
Si bien cabe dudar si esa "materia de seguridad" queda cerrada a la seguridad de la infraestructuras necesarias para la explotación minera y al control de las zonas mineras, librándose del acoso de los grupos armados. Y mientras la concreción de esas medidas de seguridad se deja para posteriores acuerdos, lo que sí se concreta en éste es lo referente a los minerales.
RESERVA DE ACTIVOS ESTRATÉGICOS
Estará formada por una lista de activos minerales estratégicos, activos auríferos y áreas de explotación sin licencia que presentará el gobierno congoleño y que podrá ir cambiando. Ciudadanos y empresas norteamericanas y sus aliados tendrán preferencia y privilegios para explotar esos "activos minerales". Esta reserva tiene por objeto, entre otras cosas, y quizá de manera primordial
Garantizar el suministro predecible y sostenible de minerales críticos, incluido el cobalto, para los Estados Unidos.
Si bien legal y fiscalmente el acuerdo se regirá por el Código de Minería congoleño, el gobierno congoleño establecerá incentivos tributarios, fiscales y regulatorios para las personas estadounidenses y sus aliados que inviertan en esta reserva mientras cambia la legislación para adaptarla a los términos del acuerdo. Esto es que, de hecho, se ignorará el Código de Minería, primero temporalmente con incentivos hasta que un año después sean los términos del acuerdo los que cambien las leyes congoleñas.
De la misma manera, La RDC revisará la titularidad efectiva y las estructuras de liderazgo de las empresas estatales congoleñas en el sector minero y utilizarán sus participaciones en empresas conjuntas para facilitar la inversión norteamericana.
¿SE ESTÁ VENDIENDO EL CONGO? ¿A CAMBIO DE QUÉ?
Con grandes acuerdos o con otros más concretos, el Congo ha sido "vendido" anteriormente. Quizá por su grandiosidad, este acuerdo puede recordar al Contrato del siglo con China, en el que se falsearon, a la baja, las reservas minerales que se ponían sobre la mesa y las concesiones se daban a cambio de grandes inversiones sociales y en infraestructuras que luego no se cumplían. Como advertíamos, lo más concreto en este acuerdo está en el lado congoleño, lo que el Congo aportará, mientras que las medidas de seguridad, las inversiones... ya se irán viendo. Además todo son facilidades para el "desembarco" norteamericano y se está dispuesto a un hecho inverosímil, si de soberanía nacional hablamos, como cambiar la legislación para adaptarla a un acuerdo que, por otra parte, no tiene la obligada autorización -como tampoco el acuerdo de paz- del parlamento. Dos hechos recientes nos pueden indicar el camino abierto por este Acuerdo.
Hace unos días el gobierno congoleño presentaba su lista de activos mineros para la SAR que incluía una de las joyas de la Corona: la mayor reserva mundial de coltán, Rubaya, si bien esas minas no están en poder del gobierno sino del M-23. Muy poco después drones del Ejército acababan con buena parte de la cúpula militar del M-23 -es una acción que difícilmente podrían haber realizado sin apoyo norteamericano- y sus fuerzas rodeaban Rubaya. En cualquier caso, varias fuentes citan el apoyo militar técnico norteamericano que está recibiendo el Ejército en su lucha contra el M-23 y el cambio de bando de EEUU, mucho más duro con su socio de siempre, Paul Kagame, en cuanto amenazadas de sanciones y críticas a su comportamiento en el Congo.
El 26 de febrero ocurría otro hecho significativo: la primera ministra Judith Suminwa firmaba un memorando de entendimiento con EEUU para cooperación en materia de salud en la que los norteamericanos aportarían 900 millones de dólares. Podría parecer así que el Acuerdo Estratégico daba sus frutos más allá de lo puramente comercial y que EEUU mostraba su sincero deseo de ayudar al pueblo congoleño. Pero habría que recordar varias cuestiones:
1-que la llegada de Trump al poder supuso la suspensión de la ayuda humanitaria de EEUU, que gestionaba la agencia USAID, con consecuencias catastróficas en muchos lugares de África
2-que la Administración Trump decía hace más de un año que
Es política de los Estados Unidos que no se desembolse ninguna asistencia exterior estadounidense que no esté plenamente alineada con la política exterior del Presidente de los Estados Unidos
3-que en 2023 la ayuda de EEUU era de 935 millones de dólares
De esta manera lo único que ha ocurrido es que EEUU "premia" al gobierno congoleño por el acuerdo firmado y lo hace incluso ahorrándose dinero, al haber cerrado la agencia de USAID, mientras da la impresión de que ayuda al pueblo congoleño.
Quizá unas y otras cosas sean suficientes para el gran defensor del acuerdo en RDC, el presidente Tshisekedi, cuestionado por sus continuos fracasos militares y que de esta manera refuerza su posición a todos los niveles. Mantenerse en el poder siempre ha sido un buen argumento para "vender" las riquezas congoleñas.
@CongoActual

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