"El fin del romance con Occidente o la muerte de Paul Kagame: ¿Un posible remedio para el sufrimiento y el conflicto en el este de la República Democrática del Congo (RDC)?"
En Kinshasa, la diplomacia ya no es tema de conversación, y mucho menos las dinámicas de poder. "Donald Trump se ha enamorado del hormigón, Félix Tshisekedi". Hablan de amor, de un supuesto flechazo, cuando Washington se hizo con el control de los minerales congoleños.
Algunos medios de comunicación y asesores de imagen incluso llegan a promover la idea de que Estados Unidos ha caído bajo el hechizo del presidente congoleño, sobre todo porque Ruanda supuestamente no participó en un foro sobre minerales estratégicos en Washington. Como si la ausencia de un actor regional fuera suficiente para transformar una visita oficial en una victoria geopolítica. Esta interpretación no solo es ingenua, sino también peligrosa. La diplomacia no es una novela sentimental, y mucho menos emotiva.
La diplomacia, especialmente cuando se trata de minerales estratégicos, no se rige por la pasión ni el sensacionalismo. Obedece a intereses fríos, calculados y, a menudo, brutales.
Nos encontramos en el corazón de una guerra de hegemonía global entre Estados Unidos y China, donde el cobalto, el coltán, el litio, el zinc y el cobre son armas silenciosas.
En este juego, la República Democrática del Congo no es el estratega, sino el campo de batalla, la reserva de minerales en bruto.
Y sucumbir a la emoción cuando se es el eslabón débil es caer ciegamente en una trampa.
"América Primero": Un Eslogan, una Doctrina que Dice Mucho
El eslogan del presidente estadounidense, "América Primero", no es un eslogan electoral. Es una doctrina. Donald Trump es un empresario experimentado; amasó su fortuna basándose en una dinámica de poder clara: ganar o retirarse. Esperar que adopte una política de compasión hacia el pueblo congoleño es pura ilusión.
Cuando Donald Trump declara, frente al presidente congoleño Félix Tshisekedi, que ya ha puesto fin a la guerra en el este de la República Democrática del Congo, mientras Kinshasa sigue proclamando su realidad cotidiana, el mensaje es clarísimo: la narrativa importa menos que el acceso a los recursos.
Los minerales ante los congoleños.
Que quede claro: si Washington está interesado en Kinshasa hoy, no es por la democracia congoleña ni por una paz duradera en el este, ni por amor a Tshisekedi ni al pueblo congoleño.
Los minerales, y solo los minerales, dictan la agenda. El resto es solo fachada.
Esto no significa que la RDC no deba negociar. Al contrario. Pero debe negociar con lucidez, no con júbilo. Negociar con fuerza, no con súplicas.
Ha llegado el momento del realismo, no de la euforia. Depende del pueblo congoleño aprovechar esta oportunidad sin engañarse.
No se trata de aplaudir fotos en Washington, sino de conseguir concesiones claras: seguridad, transformación local, soberanía sobre la cadena de valor y respeto al territorio.
De lo contrario, será la misma historia de siempre: contratos firmados, minerales exportados y un pueblo al margen de su propia riqueza.
Para la supervivencia del Congo de Patrice Lumumba, es hora de abandonar el romanticismo político.
El mundo no nos ama. Nos explota.
Depende de nosotros finalmente tener la lucidez suficiente para transformar los intereses de otros en una ventaja nacional, y no en mayor desilusión y perpetua agitación emocional.
Kiki Kienge
periodista congoleño


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