miércoles, 11 de febrero de 2026

La Administración Trump da un vuelco al conflicto congoleño

El acuerdo de paz de Washington firmado el 27 de junio por representantes de la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda, mediando el Secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio y refrendada por los tres presidentes el 4 de diciembre, no llevaba la paz al Congo pero propiciaba un desembarco económico norteamericano en el que su gran aliado, el régimen ruandés de Paul Kagame, salía ganando en detrimento, una vez más, del gigante congoleño. Pero la firma, también el 4 de diciembre, de un Acuerdo de Asociación Estratégica entre RDC y EEUU marca un cambio de rumbo y simpatías por parte de la Administración Trump en la región de los Grandes Lagos de resultados imprevisibles.

RUANDA Y EEUU, GANADORES, AL MENOS AL PRINCIPIO, DE UN ACUERDO DE PAZ SIN PAZ

Es conveniente empezar dejando algo muy claro, porque la repetición de una mentira acaba vistiéndola de verdad y el presidente norteamericano Donald Trump no para de repetir que ha acabado con la guerra de RDC, cuando tanto el Acuerdo de Washington como el proceso de paz de Doha -éste directamente entre el gobierno congoleño y el M23- no han hecho más que endurecer el conflicto armado, acelerando una carrera por obtener territorios y recursos mineros por parte de los rebeldes y su patrocinador ruandés.

Pero en segundo lugar hay que recordar que los análisis que se hacían del Acuerdo de Washington allá por finales de junio señalaban claramente unos ganadores: Ruanda y EEUU. El primero seguiría recibiendo los minerales congoleños, aunque de forma "legal", y los procesaría a través de su industria de transformación mientras que EEUU, en detrimento del gran controlador actual de minerales como el cobalto congoleño, China, dispondría de estos minerales estratégicos.

Los minerales congoleños se exportarán, por no decir se "venderán", en su estado bruto a Ruanda, que los procesará y exportará productos semiacabados o terminados al resto del mundo.
El Estado ruandés, agresor y saqueador, se beneficiará pues, con la carta blanca de Kinshasa, de los beneficios del valor añadido de los minerales congoleños, en una lógica extractivista neocolonial que perpetuará el subdesarrollo en la RDC.

explicaba el Premio Nobel de la Paz 2018, el congoleño Denis Mukwege por aquel entonces, reflejando la misma historia de siempre: migajas para el pueblo congoleño y beneficio para potencias extranjeras y el vecino ruandés. Ése era el camino que tras el 4 de diciembre parece haberse desviado notablemente.

EEUU EMPIEZA A CAMBIAR SU ESTRATEGIA CON EL M-23

El presidente Trump quizá no empezó a darse cuenta de "con quién se jugaba los cuartos" respecto a su aliado Paul Kagame hasta que el 10 de diciembre, ni una semana después del pomposo refrendo en Washington de los acuerdos con presencia de Trump, Kagame y Tshisekedi, el M-23 ocupó la estratégica ciudad de Uvira, en la orilla del lago Tanganica. En los días en torno al 4 de diciembre -antes y después- se habían vivido los más duros combates de esta guerra que iniciara el M-23, con Uvira en el centro de ellos, pero su conquista por los rebeldes, brazo armado de Ruanda en RDC, con participación de miles de soldados ruandeses, ponía en evidencia la mediación y el liderazgo de Trump en el proceso y que Paul Kagame se estaba sirviendo de él.

De inmediato desde el propio Washington se exigió la retirada del M-23. A la 1:30 del 16 de diciembre, el M-23 anunciaba su retirada de Uvira:

La AFC/M23 retirará unilateralmente sus fuerzas de la ciudad de Uvira, a petición de Estados Unidos  

decía el comunicado que añadía hacerlo como "medida de fomento de la confianza en apoyo del proceso de Doha". Pero, como en tantas ocasiones anteriores, el M-23 fingía una retirada que no acababa de ser total y que, pasados los días, dejaba claro que era completamente falsa. 

Conclusión clave: los combatientes del M23 no han abandonado completamente la ciudad, contrariamente a lo anunciado la noche del 17 al 18 de diciembre de 2025. El plazo de 24 horas, presentado como suficiente para su retirada completa, no se cumplió, según fuentes de la sociedad civil y militares

concluía el 28 de diciembre Radio Okapi, medio congoleño mantenido por la ONU.

Pero la retirada verdadera, total y efectiva, no llegó hasta mediados de enero, asumiendo el Ejército congoleño y sus aliados el control de la ciudad el 19 de enero de 2026. ¿Se había retirado "voluntariamente" el M-23, presionado diplomáticamente por EEUU o se había ido antes de que lo desalojara el Ejército y sus aliados, en unos momentos en que el M-23 se mostraba más débil desde que retomara su ofensiva a finales de 2021? Hablaremos de ello más adelante.

EL GIRO NORTEAMERICANO QUE PUEDE CAMBIARLO TODO

De manera creciente se han comenzado a oír voces desde las instituciones norteamericanas exigiendo el cese de las hostilidades, la salida de las tropas ruandesas del Este congoleño, la disolución del M-23, acusando a Ruanda de incumplir los acuerdos... Y se han pedido sanciones para Ruanda, sus representantes e, incluso, el propio Paul Kagame. Todo ello en una coincidencia entre los dos partidos.

Estamos presionando para que se impongan sanciones reales a los líderes ruandeses y quizás al propio Kagame. Quieren que el tratado de paz funcione, pero no puede funcionar cuando el M23 no solo mata, sino que también roba minerales y viola el acuerdo

Chris Smith, presidente del subcomité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes sobre África, 5 de febrero

Insto a la administración Trump a que cumpla sus promesas de exigir responsabilidades a Ruanda y a otros actores que obstaculizan la paz

Sara Jacobs, congresista demócrata en el subcomité, 22 de enero

Seguimos manteniendo todas las opciones sobre la mesa para incentivar un cambio de comportamiento e incentivar a Ruanda a cumplir con sus obligaciones bajo los Acuerdos de Washington

Sarah Troutman, subsecretaria de Estado adjunta para África Central

La razón de este brusco cambio en la política de EEUU en la región de los Grandes Lagos se explica en buena parte leyendo el Acuerdo de Asociación Estratégica entre ellos y la RDC -del que hablaremos detenidamente en un artículo posterior-. A través de él la República Democrática del Congo se convierte en su socio estratégico aunque son los EEUU los que pasan a tener un acceso prioritario a depósitos minerales críticos, permisos de exploración, desarrollo, minería... y a cambio la Administración Trump ofrece apoyo en materia de seguridad, grandes inversiones y un plan de industrialización que transforme al Congo de mero surtidor de recursos naturales a controlar su refinado o a la producción de baterías con ellos.

Parece que EEUU ha decidido que mejor que estar asociado con un pequeño país sin apenas minas y que transforma los minerales que roba es hacerlo con el país que tiene varias de las mayores reservas de minerales estratégicos del mundo. Y para ello es mejor que no pululen por los territorios ricos en recursos pequeños ejércitos a las órdenes de otros países.

El pasado día 6 el analista congoleño Azarias Mokonzi hablaba de un nuevo paradigma en las relaciones de EEUU con los países con grandes reservas de recursos estratégicos en el que se prescinde de "intermediarios regionales" como Ruanda y se negocia directamente con los dueños de esos recursos:

La exclusión de Kigali no es un simple incidente protocolario. Más bien, parece señalar un nuevo paradigma, donde la legitimidad vinculada a los recursos tiende a prevalecer sobre la influencia militar regional.

PERO EN EL OTRO LADO ESTÁ PAUL KAGAME

En el rumbo que ha tomado EEUU en este conflicto no se puede obviar la parte personal. Por un lado la más visceral: como estamos viendo, Donald Trump tiene que ser el líder en todo lo que participe y Paul Kagame no es persona que se doblegue ante nadie ni se aparte de sus objetivos, como demostró tras la firma en Washington y la conquista de la ciudad de Uvira. Pero volviendo a la geopolítica, la Administración Trump siempre preferirá tratar con el presidente congoleño Tshisekedi, manejable en todos los sentidos, y con un gobierno débil y corrupto, que con un líder que lleva décadas en el poder contra viento y marea como Paul Kagame y al que "nadie tose".

Ciertamente Kagame no se achanta ante nadie y ha respondido muy claramente a las amenazadas de sanciones:

A veces me siento asfixiado, pero en lugar de asfixiarme con todo eso, prefiero asfixiarme yo mismo desafiando esas amenazas y diciéndote que te vayas al infierno. No puedes crearme problemas, luego culparme y luego empezar a amenazarme. La conversación termina girando en torno a las amenazas en lugar de abordar el problema.

declaraba hace unos días.

De momento la Administración Trump no se está quedando en amenazas o maniobras diplomáticas y tanto la retirada del M-23 de Uvira como los crecientes éxitos del Ejército congoleño y sus aliados contra los rebeldes -basados en buena parte en el poder ofensivo aéreo a través de drones CH4- no son ajenos a los EEUU.

Según la Agenzia Fides, veinte oficiales norteamericanos, la mitad de ellos pertenecientes a la empresa militar privada Vectus Global, habrían colaborado con los militares congoleños en la ofensiva para expulsar al M-23 de Uvira. Según investigaciones sobre el terreno del periodista congoleño Daniel Michombero, los rebeldes no abandonaron la ciudad como se ha venido contando:

La información recopilada sobre el terreno indica que esta retirada no es simplemente un reposicionamiento estratégico. (...) testimonios consistentes de residentes locales dan cuenta de grandes pérdidas sufridas por los rebeldes.

escribía en un tuit el 8 de febrero.

¿ESTE GIRO TRAERÁ LA PAZ?

Antes de continuar hay que dejar dos cosas muy claras. Y lo primero es conocer lo que ocurre en el Congo desde hace décadas y huir de análisis simplistas como los que maneja el presidente norteamericano. La RDC, y especialmente el Este, lleva décadas en guerra de casi todas las maneras posibles y antes de que el M-23 volviera a la lucha a finales de 2021, esa región congoleña "ardía" en enfrentamientos entre infinidad de sanguinarios grupos armados, con presencia de soldados ugandeses y ruandeses, existían unos seis millones de desplazados internos, miles de mujeres y niñas sufrían la violencia sexual de unos y otros... Es cierto que el resurgimiento del M-23 añadió una guerra más, más clásica, especialmente destructiva, pero fue y es una lluvia torrencial sobre tierras encharcadas, por lo que la desaparición de este conflicto no significaría la vuelta al Este congoleño de una paz que casi nadie recuerda.

Por otro lado, EEUU promoverá una paz que proteja sus beneficios y su estrategia en la zona y con los recursos minerales, de la misma manera que hasta ahora apoyaba -medidas cosméticas aparte- las acciones beligerantes y criminales de Ruanda, que solo ahora escandalizan a destacados congresistas norteamericanos, porque cuadraban con sus intereses y su estrategia anterior. El ejemplo de la mina de Bisie -tercera del mundo en casiterita-, cuyos dueños, Alphamin Resources, consiguieron de la Administración Trump que alejara los combates de allí y poder seguir explotando la mina, puede ser buena medida de hasta donde puede llegar la paz que defienda EEUU en el Este del Congo.

Obviamente la actitud de Ruanda es fundamental para que avance la paz... o se endurezca la guerra. Ruanda ha aumentado más de un 200% sus exportaciones de coltán desde que las mayores reservas del mundo, en la zona minera de Rubaya, están en poder del M-23 y los rebeldes ingresan 800.000 dólares mensuales por el control de ese coltán. ¿Van a abandonar esos territorios y esos ingresos sin más, voluntariamente, como la ciudad de Uvira? Más aún el resurgimiento del M-23, como opinaba la congoleña, Debora Kayembe, ex rectora de la Universidad de Edimburgo, en una entrevista que le realizábamos en diciembre, tenía otros objetivos: 

Puedo confirmar que existe la intención de tomar el poder en Kinshasa mediante la rebelión; también existe un claro impulso hacia la balcanización de la República Democrática del Congo con miras a la creación de un estado hima/tutsi, como han indicado numerosos libros y documentos de investigadores durante más de medio siglo.

¿Cuál es el precio de Ruanda y el M-23 para abandonar todo lo que tanto, y tantas vidas, les ha costado? ¿Y si no lo quieren dejar? Hace unas semanas veíamos lo convincente que podía ser Donald Trump, pero ni Ruanda le pilla tan a mano como Venezuela ni Paul Kagame es Nicolás Maduro.

El punto débil de Ruanda es su tamaño y su dependencia -más de la mitad de su presupuesto- de la ayuda exterior, pero también es un país cortejado por el resto del mundo, un país abierto a todo tipo de inversiones -energía nuclear, armas...- y con estrechos lazos con países como Israel. Si Estados Unidos la sustituye por otro socio, ¿no puede Ruanda buscarse otros poderosos amigos?

Se abren por lo tanto nuevas incertidumbres mientras la guerra, más allá de Uvira, sigue su curso así como el sufrimiento de la población. El giro ha comenzado, pero nadie sabe donde puede acabar.

@CongoActual



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