La condena en diciembre pasado por un tribunal de París de Roger Lumbala por crímenes que cometió hace más de veinte años durante la Guerra Mundial Africana en lo que hoy se conoce como República Democrática del Congo (RDC) ha traído a la actualidad un pasado de sufrimiento para el pueblo congoleño, crímenes que se han olvidado en un cajón o criminales que nunca pagaron lo que hicieron o que, más aún, han progresado en las instituciones congoleñas. Se unen así varios de los males que contribuyen cada día a que las cosas no cambien ni se arreglen en la RDC y que hay que empezar a contar.
BORRAR LA PIZARRA
La Segunda guerra del Congo, también conocida como Guerra Mundial Africana, en la que sobre el suelo congoleño, y con su pueblo como principal víctima, combatieron seis ejércitos y decenas de grupos armados y milicias, algunas muy poderosas, apoyadas por Ruanda y Uganda, duró de 1998 a 2003 y costó la vida a cerca de cuatro millones de seres humanos. Son innumerables las atrocidades cometidas -y documentadas- en esos pocos años y una de ellas es la conocida como operación Borrar la pizarra. Una de las milicias más poderosas por entonces era Reagrupamiento Congoleño por la Democracia (RCD) que había acabado fragmentándose y sus facciones, RCD-N y RCD-ML se habían convertido en feroces enemigas.
Estamos en octubre de 2002 y en la operación Borrar la pizarra participó el RCD-N junto al Movimiento para la Liberación del Congo, liderado por Jean Pierre Bemba -primer nombre que debemos recordar para más adelante- y el objetivo principal era derrotar al RCD-ML, aliado del gobierno de Kinshasa, y apoderarse de todos los recursos naturales posibles antes de que se acabara la guerra, todo ello auspiciado por su mentor, Uganda, que también ambicionaba las minas de diamantes de Bafwasende.
Mambasa era una ciudad de 25.000 habitantes que se había librado hasta entonces de la guerra y su población tenía un mejor nivel de vida que el resto. Quedó en poder de estas dos milicias entre el 12 y el 29 de octubre, cuando el RCD-ML la reconquistó y la retuvo hasta el 27 de noviembre, día en que RCD-N y MLC la volvieron a ocupar hasta el 5 de febrero de 2003... En ese primer período de dominación, las fuerzas conjuntas de las dos milicias asesinaron a 173 civiles, a muchos los mutilaron -y exhibieron sus órganos como trofeos- y sobre algunos cometieron actos de canibalismo. Un gran número de mujeres y niñas fueron violadas y se utilizó el saqueo para pagar a las tropas.
La peor parte de esta violencia se la llevaron los civiles de las etnias nande y mbuti:
Las víctimas fueron asesinadas únicamente por su origen étnico, y los nande y pigmeos (mbuti) fueron acusados de apoyar a la RCD-ML
cita el olvidado Inforrme Mapping.
Abarcando a la población civil en general, el hecho de que la campaña se centrara específicamente en los batwa para asesinarlos en masa y privarlos gravemente de otros derechos fundamentales, debido a sus supuestos poderes sobrenaturales y su conocimiento de la selva, indica la comisión de crímenes de lesa humanidad de persecución y exterminio
detalla una investigación de la época de la organización Minority Rights Group International (MRG) sobre la persecución sufrida por los batwa -o pigmeos o mbuti-.
El líder del RCD-N era Roger Lumbala. Durante el juicio que se celebró en París diversos testigos se refirieron a él como el impulsor de impuestos arbitrarios y responsable del control de Mambasa con el apoyo del MLC, además de haber mantenido conversaciones de alto nivel tanto con Jean Pierre Bemba como con otros altos oficiales de su brazo armado, el ALC. Otros testimonios relataron que no solo dirigía las operaciones, sino que participaba en ellas.
De parte del MLC sobresale también otro personaje que no será ajeno a quien sigue la actualidad del Congo: Constant Ndima. Si bien las operaciones del ALC sobre Mambasa y territorios cercanos las dirigieron un oficial diferente en cada ocasión, obedecían directamente a Ndima:
Ambos comandantes estaban bajo el mando del General Constant Ndima, radicado en Isiro. El General Ndima rendía cuentas directamente al General Amuli, Jefe de Estado Mayor del MLC
consta en el informe de expertos de la ONU de 16 de julio de 2004.
Vamos a ver qué fue de estos tres personajes.
Roger Lumbala, ministro después de aquello
Acabada la guerra, libre como un pájaro, Lumbala no solo no tuvo que rendir cuentas, sino que en 2003 se convertía en ministro de Comercio Exterior en el gobierno de transición, si bien no llegó a cumplir ni dos años en el cargo, acusado de corrupción. Ello no le impidió presentarse a las primeras elecciones presidenciales de 2006, tras las que salió elegido diputado y senador. Presidió diversas comisiones parlamentarias aunque finalmente tuvo que huir del país, acusado de colaborar con el M-23. En 2013 participó en Kampala (Uganda) como invitado en las negociaciones entre este grupo armado y el gobierno congoleño que supuso el abandono de la lucha armada, al menos temporalmente, de la milicia tutsi congoleña.
El 29 de diciembre de 2020 fue arrestado en una calle de París, tras años de búsqueda por parte de la Oficina Central para la Lucha contra los Crímenes de Lesa Humanidad, y fue acusado de "participación en un grupo formado con el fin de preparar crímenes contra la humanidad" y de "complicidad en crímenes contra la humanidad". El 12 de noviembre de 2025 comenzó el juicio en el que se personaron organizaciones como Fundación Clooney para la Justicia (CFJ), TRIAL International, Minority Rights Group (MRG), Justice Plus y PAP-RDC. El 15 de diciembre fue condenado a 30 años de prisión.
Este veredicto es histórico. Por primera vez, un tribunal nacional se ha atrevido a confrontar las atrocidades de la Segunda Guerra del Congo y demostrar que la justicia puede prevalecer incluso después de décadas de impunidad. Hoy el Tribunal dejó algo inequívocamente claro: los artífices de la violencia masiva rendirán cuentas. Ni el tiempo ni el poder político los protegerán
declaró Daniele Perissi de TRIAL International.
Constant Ndima y su carrera en el Ejército congoleño
Inició su carrera militar en los tiempos del dictador Mobutu Sese Seko, cuando el país se llamaba Zaire y su ejército eran las Fuerzas Armadas Zaireñas y acabó incorporándose a la División Especial Presidencial (DSP), la guardia pretoriana del dictador, que fuera derrocado en 1997, tras la Primera Guerra del Congo.
Como tantos otros rebeldes que habían combatido durante la Segunda Guerra del Congo o Guerra Mundial Africana contra el Ejército y el gobierno, los acuerdos de paz le dieron la posibilidad de incorporarse al Ejército que había combatido. En 2020 fue ascendido a teniente general y en 2021, con la declaración de Estado de sitio en las provincias de Ituri y Kivu Norte, fue nombrado gobernador militar de esta última, lo que lo convertía -asumiendo funciones civiles y militares- en la máxima autoridad en esta provincia azotada desde décadas por la guerra.
Como tal vivió la erupción del Nyiragongo y sus consecuencias sobre la ciudad de Goma y la ofensiva del M-23 sobre territorios de su provincia. Pero el hecho más tristemente relevante sucedió el 30 de agosto de 2023 cuando un enfrentamiento entre miembros de una iglesia y soldados de la Guardia Republicana se convirtió en una auténtica cacería en la que integrantes de la Iglesia de la Fe Natural Judaica y Messiánica hacia las Naciones fueron asesinados a decenas en las calles por guardias republicanos. Amnistía Internacional pidió su procesamiento junto a oficiales de la Guardia Republicana. Ndima, que ya fuera destituido temporalmente ante sus fracasos para contener al M-23, fue relevado temporalmente de nuevo y llamado a Kinshasa pero nunca retornó al cargo lo que, quizá, acabó agradeciendo, pues su sucesor murió en un extraño incidente en el frente defendiendo la ciudad de Goma que, finalmente, cayó en manos del M-23. Desconocemos el destino actual de Constant Ndima.
Jean Pierre Bemba, una historia que a nadie dejará indiferente
La vida de Jean Pierre Bemba es sorprendente y lo es desde sus inicios pues acostumbrados a individuos que desde la miseria abrazan la lucha armada, él tenía una familia lo suficientemente adinerada como para estudiar en la escuela de negocios de Bruselas, ICHEC, donde se licenció. A su vuelta al Congo se puso al frente de los negocios familiares y durante los años noventa creó empresas tecnológicas, de aviación y audiovisuales.
En 1997, tras la caída de Mobutu, se exilió a Uganda y allí, apoyado por su gobierno, creó el Movimiento para la Liberación del Congo (MLC) con el que participaría, liderando también el Ejército de Liberación del Congo (ALC) en la guerra para derrocar a Kabila y saquear los minerales congoleños.
Una vez más se repite la historia tras el final de la guerra: su pasado no le impidió presentarse a las presidenciales de 2006, quedando en segunda posición tras Joseph Kabila, con un 20% de los votos. En la segunda vuelta entre ambos obtuvo el 42% e impugnó los resultado pese a lo que, en aras de una participación de las distintas fuerzas en el nuevo devenir del Congo fue nombrado vicepresidente. En 2007 su negativa a retirar a su guardia personal provocó un enfrentamiento armado entre ésta y el Ejército y Bemba huyó del Congo.
El 24 de mayo de 2008 fue arrestado en Bélgica por crímenes cometidos por su milicia en la fronteriza República Centroafricana y la Corte Penal Internacional lo condenó a dieciocho años de prisión por "asesinato, violación y saqueo como crímenes de guerra y asesinato y violación como crímenes de lesa humanidad". Pero dos años después, tras diez en prisión, la Cámara de Apelaciones lo absolvió al considerar que no había tenido responsabilidad en las acciones cometidas por el MLC en la República Centroafricana. De esta manera Jean Pierre Bemba nunca ha sido juzgado por sus crímenes en su país mientras que fue injustamente condenado -y luego absuelto- por crímenes en otro.
Tras volver a la RDC en 2018 intentó presentarse a las elecciones presidenciales pero el Centro Electoral se lo impidió y aunque apoyó al candidato Martin Fayulu -que "oficialmente" perdió- el ganador y actual presidente, Felix A. Tshisekedi lo nombró en 2023 ministro de Defensa y vicepresidente y, tras la reelección de Tshisekedi, es actualmente uno de los vicepresidentes y ministro de Transportes, con gran poder en el gabinete.
LA IMPUNIDAD ALIMENTA DE CONTINUO LA VIOLENCIA
El M-23 surgió de militares desertores del Ejército congoleño que se incorporaron a él tras luchar en el CNDP (Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo) que liderara Laurent Nkunda. Muchos otros antiguos rebeldes tienen o han tenido importantes cargos civiles o militares. La derrota no siempre acarrea cárcel o exilio para los vencidos en la RDC. Sólo tres criminales de guerra congoleños han sido juzgados por la Corte Penal Internacional por crímenes cometidos en el Congo: Thomas Lubanga, primer condenado por la Corte y que pasó catorce años encarcelado; hoy lidera una peligrosa milicia en la provincia de Ituri, Germain Katanga, que tras ser nombrado general del Ejército congoleño fue entregado a la CPI en 2007, que lo condenó a doce años de prisión aunque lo liberó en 2016, y Bosco Ntaganda, que recibió la mayor condena hasta ahora, treinta años de prisión.
Esta nueva condena ha sido posible gracias a la "jurisdicción internacional" por la que se puede juzgar y sancionar al autor de un delito independientemente de donde se halla cometido y de la nacionalidad del autor y la víctima. Pero, pese a que Uganda fue condenada a pagar una indemnización por los daños causados sobre bienes y personas durante su ocupación de territorio congoleño en la citada Guerra Mundial Africana -una cantidad que no llega ni al 3% de lo que la RDC reclamaba-, el otro gran agresor y saqueador del Congo en aquellos años, Ruanda, no ha sido condenado a nada.
Dos investigaciones de la ONU, el Informe Garretón y el Informe Mapping, documentan horribles crímenes cometidos durante la primera y segunda guerra del Congo -donde Borrar la pizarra solo es uno de ellos- pero permanecen guardados en un cajón sin que hayan servido para arrestar y juzgar a grandes criminales nacionales e internacionales -como el presidente ruandés Paul Kagame- pese a las decenas de miles de víctimas que provocaron.
De esta manera el pueblo congoleño vive desde hace décadas familiarizado con la impunidad de los criminales que le han hecho daño, conviven con ellos que, o no han pagado sus crímenes, o, pese a ellos, han progresado en la política, las instituciones o las fuerzas armadas congoleñas. Los criminales, por su parte, presentes y pasados, conocen que muchas veces sus actos, aunque sean derrotados, no les traerán las consecuencias que merecen y que toda vez que un proceso de paz concluya un conflicto -casi siempre temporalmente- , éste conllevará el perdón o la incorporación a la vida normal no ya de los combatientes, sino de los líderes de los grupos armados rebeldes y responsables de crímenes de guerra o contra la Humanidad.
En el actual simulacro de proceso de paz iniciado por la Administración Trump uno de los representantes norteamericanos proponía repetir el mismo error.
Según el representante estadounidense Ronny Jackson, la integración de los combatientes del M23 en las fuerzas de seguridad congoleñas es un paso esencial hacia una paz duradera en la República Democrática del Congo. Considera muy improbable que estas personas, curtidas por años de conflicto, acepten una simple transición a la vida civil.
informaba el prestigioso periodista congoleño Stanis Bujakera.
Se volvería así a fundamentar un paz frágil sobre la impunidad y la injusticia para garantizar, como el propio M-23 demuestra con su existencia, una recurrente violencia que atenaza cualquier progreso de la RDC como país y la posibilidad de su pueblo de salir de la miseria.
La Conclusión del Informe Mapping no dejaba dudas de una situación recurrente que hemos ilustrado con el caso concreto de la sangrienta operación Borrar la pizarra y sus secuaces Roger Lumbala, Constant Ndima y Jean Pierre Bemba.
La urgente necesidad de reformas en los sectores de justicia y seguridad es evidente dada la impunidad de la que gozan los autores de graves violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, y la reiteración de estos crímenes en la República Democrática del Congo. Los miembros del Equipo de Mapeo observaron el temor constante entre las poblaciones afectadas de que la historia se repita, en particular cuando los agresores de ayer regresan a posiciones que les permiten perpetrar nuevas atrocidades sin que la justicia pueda poner fin a estos crímenes.
@CongoActual
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