“Nuestra ambición es construir con Israel una asociación moderna, pragmática y mutuamente beneficiosa, que no se mida únicamente por los acuerdos que firmemos, sino por su implementación y los resultados que produzcan para nuestros dos pueblos”, declaró posteriormente el presidente congoleño, mientras manifestaba su intención de una colaboración especial en agricultura y seguridad alimentaria, agua, salud, tecnología e innovación, seguridad, capacitación e inversión.
Pero la consecuencia más relevante de ese viaje era una decisión cargada de simbolismo que beneficia principalmente a Israel y que podría representar un “pago previo” congoleño para lo que posteriormente pueda recibir: trasladar su embajada de Tel-Aviv a Jerusalem. Por su parte Israel, que lleva los asuntos diplomáticos con la República Democrática del Congo (RDC) desde su embajada en Luanda (Angola) abriría una embajada en Kinshasa. (Por cierto, esto mismo ya se acordó durante la Asamblea General de la ONU de 2023 y todo quedó en papel mojado). De esta manera Tshisekedi se convierte en uno de los pocos líderes africanos cercano a Israel y la RDC sería uno de los pocos países con embajada en Jerusalem, junto a Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Papúa Nueva Guinea, Paraguay, Fiyi y, próximamente, Colombia.
Si para el mundo este acercamiento de Tshisekedi a Israel puede resultar detestable, por la carnicería del Estado judío sobre el pueblo palestino, resulta difícil encontrar un calificativo para un presidente que busca de tal forma la amistad de un país, Israel, que representa uno de los principales apoyos al país y al régimen que lleva décadas saqueando y masacrando a su pueblo, Ruanda y Paul Kagame.
La extraordinaria relación de Israel con Ruanda
Aunque el comercio entre Israel y Ruanda no es importante (5,6 millones de dólares en 2025, Centro de Comercio Internacional), los lazos entre ambos países son más amplios en muchos sentidos:
"Los israelíes y los ruandeses nos apreciamos mucho porque tenemos mucho que enseñarnos mutuamente como pueblos con una historia similar", decía en el 72º aniversario del Holocausto el embajador israelí en Kigali, referido a los genocidios judío y tutsi.
Fruto de esas buenas relaciones es el Centro de Excelencia en Horticultura, financiado por Israel, el Centro de Ciclismo Field of Dreams, financiado por el equipo ciclista Israel-Premier Tech, bien conocido en España por la polémica en la Vuelta ciclista del año pasado, o la planta solar Rwamagana, la mayor de África Oriental, desarrollada por la israelí Energiya Global Capital.
Pero seguramente la más significativa colaboración entre Ruanda e Israel, y la que más debería sonrojar al presidente Tshisekedi por su acercamiento a Netanyahu, está en la zona industrial de Kigali, Gasabo: la fábrica de armas de la empresa pública ruandesa REMCO (Rwanda Engineering and Manufacturing Corporation). Allí se fabrican pistolas, diversos modelos de fusiles de asalto y fusiles de francotirador, además de la ametralladora ligera Negev y gafas de visión nocturna. Esta producción viene de la colaboración con IWI (Israel Weapon Industries), empresa militar israelí privatizada. Si bien las Fuerzas de Defensa de Ruanda, su ejército, se nutren de armas de diferentes países, también lo hace de Israel. Las armas fabricadas en Gasabo son utilizadas por el Ejército israelí.
No hay evidencia de que el M-23 utilice este tipo de armamento en sus combates contra el Ejército congoleño y sus aliados ni en sus masacres contra civiles congoleños, pero, como hace poco informaba el Instituto Real de Defensa de Bélgica, Ruanda mantiene en territorio congoleño entre 14.000 y 18.000 soldados que, además de apoyar al M-23, se enfrentan a las Fuerzas Armadas congoleñas y que utilizan contra los soldados congoleños esas armas fabricadas con tecnología israelí y las compradas a Israel. Los cohetes de 120 mm que cayeron sobre el campamento de refugiados de Mugunga, afueras de Goma, el 3 de mayo de 2024, matando a varias decenas de civiles indefensos, fueron lanzados por las fuerzas ruandesas, como informó la ONU, y podrían ser de fabricación israelí.
Beneficios para la RDC y su presidente de su relación con Israel
En un primer momento se habló de la posibilidad de asesoramiento e, incluso, ayuda en materia de seguridad que sirviera a las fuerzas congoleñas en su lucha contra el M-23 -no olvidemos nunca: brazo armado de Ruanda en el Congo- y para seguir aislando al régimen de Kagame, cada vez más presionado por EEUU en su conflicto con la RDC. Pero cuesta creer que Israel vaya a apoyar al Ejército congoleño en un enfrentamiento contra una milicia apoyada por Kigali, el M-23 y en una lucha en la que participan miles de soldados de su gran aliado, Ruanda. De la misma manera resulta difícil que Israel perjudique de cualquier otra forma a un socio tan fructífero y con el que espera hacer muchas más cosas que las relatadas.
En su cuenta de X, el periodista congoleño Kiki Kienge, evidenciaba la contradicción del acercamiento del presidente Tshisekedi a un país que apoya firmemente a otro que, de hecho, está en guerra con la República Democrática del Congo. “En la geopolítica, los Estados no tienen amigos: tienen intereses”, escribía.
¿Puede ser el propio presidente Felix Antoine Tshisekedi el principal beneficiado de la amistad con Israel que él mismo está contribuyendo a agrandar?
En una entrevista de Radio Francia Internacional a Jason Stearns, director del instituto congoleño de investigación Ebuteli sobre este tema, veía el acercamiento a Israel como una manera de estrechar más aún los lazos que unen a la RDC con EEUU desde su acuerdo estratégico de diciembre, pero también hacía referencia a como podía repercutir en la seguridad personal de Tshisekedi:
“Hay que decir que Tshisekedi tiene un problema dentro de su propia población. Es difícil mantener la confianza. Ha arrestado a decenas de generales y cientos de oficiales de alto rango bajo sospecha de traición y corrupción. Y en este contexto buscar apoyo externo, como el de Israel, podría valer la pena”.
En conversación particular con un periodista congoleño éste me apuntaba la sospecha por parte de algunos expertos en su país de que esta relación con Israel incluyera el desarrollo de la famosa herramienta Pegasus con, entre otros, un beneficio personal para el presidente Tshisekedi. Éste se haya inmerso en el intento de cambiar la Constitución que no le permite presentarse a un tercer mandato, algo que parece ansiar. El poseer esta herramienta le serviría para combatir a sus opositores políticos tanto en la cuestión de la reforma constitucional como en la lucha política diaria.
“Ambos líderes reafirmaron su compromiso compartido de fortalecer las relaciones entre sus países y además consolidar los lazos de amistad y cooperación que los une”, se leía en la nota posterior al encuentro de estos líderes de la oficina del primer ministro Benjamin Netanyahu.
En definitiva, por un supuesto interés nacional difícilmente creíble o intereses particulares de su presidente, Felix Antoine Tshisekedi ha pasado por encima de su propio pueblo, de los soldados mal pagados que pierden la vida bajo el fuego de armas fabricadas gracias a Israel, de cientos de miles de congoleños y congoleñas sumidos en la miseria y el miedo perpetuo causado por uno de los socios principales de Israel que, además, se enriquece robando los recursos naturales de su país.
Publicado originalmente en Diario El Común el 18-9-2026

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