domingo, 16 de noviembre de 2025

¿Nuevo paso hacia la paz en el Congo o nueva farsa ajena a la realidad?

 

El pasado sábado en Doha, con la mediación de Qatar, representantes del gobierno congoleño y del M-23 firmaron un Acuerdo Marco para la Paz Integral que una vez más ha sido celebrado, tanto por las autoridades congoleñas como por la "comunidad internacional", como un "paso decisivo hacia una paz justa...". Dados los antecedentes de acuerdos, pre-acuerdos, declaraciones de principios, etc., firmados para alcanzar la paz en el Congo bajo la sonriente mirada de mediadores "desinteresados", que no han conseguido el más mínimo avance para acabar con el sufrimiento del pueblo congoleño, hemos hecho una revisión de urgencia del Acuerdo en sí y de cómo ha sido recibido por, sobre todo, los medios y el pueblo congoleño.

ANTECEDENTES

Además del Acuerdo de Washington, firmado en junio entre la República Democrática del Congo (RDC) y Ruanda, con mediación de Estados Unidos, existe un precedente de este acuerdo entre la RDC y el grupo armado Movimiento 23 de marzo (M-23) en julio pasado. En aquella ocasión se trataba de una Declaración de Principios que incluía, como en Washington, una tregua -que como todas las demás jamás se llevó a efecto- y unos plazos muy concretos, y muy irreales, para llegar a un objetivo: "concluir y firmar este acuerdo de paz integral antes del 18 de agosto de 2025".

Obviamente no se firmó acuerdo alguno y las propias negociaciones de Doha no se retomaron hasta hace unas semanas. Entre tanto si algo ocurrió en el Este congoleño fue que los combates se recrudecieron, muchas veces en una situación de todos contra todos, y como si todo los actores armados buscaran ocupar mayor territorio y reforzar su posición en el conflicto. Entre continuas acusaciones hacia el otro de no respetar un alto el fuego que ninguno había respetado en ningún momento, el propio M-23 ha ido abandonando en parte su política de no dañar a la población y está implicado en cientos de ejecuciones sumarias contra cualquiera sospechoso de ser su enemigo o colaborar con él  además de ser responsable de frecuentes y masivos secuestros de jóvenes para reclutamientos forzosos, saqueos e incendios de viviendas. 

ACUERDO

El acuerdo firmado el 15 de noviembre incluye ocho protocolos concretos, dos de los cuales ya se firmaron: el intercambio de prisioneros y un mecanismo de verificación del alto el fuego. Entre los seis restantes, vuelve a aparecer el dedicado a los desplazados, en similares términos, y el que, vistos los hechos de los últimos meses, aparece como una entelequia: Restablecimiento de la autoridad estatal , lo que implicaría la retirada y/o desarme del M-23 o su sumisión al gobierno de Kinshasa, al que asegura que quiere derrocar. En el resto se citan asuntos como Acceso humanitario y protección judicial, Seguridad, desarme, desmovilización y reintegración, Recuperación económica y servicios sociales y la creación de una comisión "responsable de promover la verdad, la reconciliación y la rendición de cuentas".

Entre las celebraciones podemos citar estos ejemplos:

Kinshasa acoge con satisfacción la firma del Acuerdo Marco que "sienta las bases para un proceso destinado a poner fin a las hostilidades, restaurar la autoridad estatal y consolidar la estabilidad nacional" y como "un paso decisivo hacia una paz justa, inclusiva y duradera en el Este del país" Gobierno congoleño.

Hoy en Doha, la RDC y el AFC/M23 firmaron un Marco para un Acuerdo Integral de Paz que traza una ruta clara hacia un acuerdo de paz (...) En conjunto, estas obligaciones fortalecerán las bases para la paz, la estabilidad y el restablecimiento de la confianza en las comunidades afectadas. Massa Boulos, enviado especial de Donald Trump

Celebro el acuerdo firmado en Doha entre la RDC y el M23. Tras tanto sufrimiento, se abre un verdadero camino hacia la paz y un rayo de esperanza para todos. Emmanuel Macron

Pero la experiencia nos hace obviar las afirmaciones autocomplacientes y buscarle las vueltas a lo escrito.

REALIDAD

Si bien reconocemos, y coincidimos con otras opiniones críticas que así lo manifiestan, que al menos este acuerdo recoge conceptos concretos y abre caminos claros para continuar el trabajo, no podemos ignorar la falla común que encontramos tanto en los acuerdos que se han ido tomando en Doha como en el firmado en Washington: ignora la realidad del Este congoleño y no sienta a la mesa a los innumerables actores que participan en el conflicto, que, a un lado u a otro, no suscriben ningún acuerdo.

Para continuar encontrando palos a la rueda de este acuerdo no tarda en aparecer, como en la Declaración de Principios de julio, uno de los firmantes. Si entonces el M-23, pese a lo firmado, aseguraba que no se iba a mover ni un metro de donde estaba -de hecho desde entonces ha ganado muchos kilómetros cuadrados-, de nuevo su representante en el acuerdo del 15 de noviembre ensombrecía las celebraciones:

Benjamín Nbonimpa, firmante del acuerdo por el M-23, advertía en declaraciones a AFP de que el acuerdo no incluía ninguna cláusula vinculante y que no iba a modificar la situación sobre el terreno. Sus protocolos, afirmaba, se negociarían antes de firmar un acuerdo de paz global.

José Makila Sumanda, antiguo gobernador provincial y que ha tenido diferentes responsabilidades en gobiernos congoleños, se mostraba muy crítico con el acuerdo y abría el foco de la crítica escribiendo en su cuenta de X:

es una farsa diplomática, una mera fachada que oculta una realidad que sigue agonizando. No es un paso hacia la paz, sino hacia la renuncia a nuestra soberanía. En primer lugar, el acuerdo no contiene cláusulas vinculantes: establece protocolos sin garantías de implementación, convirtiéndose así en un documento vacío. En segundo lugar, al negociar con la AFC/M23 en igualdad de condiciones, el gobierno congoleño reconoce una fuerza armada ilegal sin exigir la restauración inmediata de la autoridad estatal en todo el territorio.

En un análisis más reposado, el investigador en ciencias políticas Nkuy Kimbungu Wally-W, tras valorar positivamente la vuelta al diálogo, ciertas innovaciones o la fijación de un calendario concreto, señala importantes debilidades en el acuerdo:

-una ambigüedad deliberada que no enfrentan el status político del M-23 ni el apoyo ruandés
-la falta de un mecanismo y un calendario vinculante para el retorno de la autoridad estatal a todos los territorios
-la falta de medidas concretas para fomentar la mutua confianza, que se quedan en meras declaraciones
-el riesgo de crear una dependencia diplomática de EEUU y Qatar que hagan naufragar el proceso si estos se desvinculan de él.

Por nuestra parte hemos preguntado por todo ello a nuestro colaborador Jean Luc Maroy que trabaja cada día estrechamente con las personas que sufren directamente y con mayor dureza el conflicto.

Como hijo de Kivu, veo este acuerdo con gran esperanza, pero también con mucha cautela. Hemos sufrido demasiadas promesas incumplidas y violaciones del alto el fuego como para creer ingenuamente que un simple documento pueda traer la paz.
Si este acuerdo de Doha ha de lograr algo, debe, ante todo, traducirse en acciones concretas: el fin de los ataques, la seguridad de la población civil, el retorno de las personas desplazadas y la restauración de nuestra dignidad.
Queremos la paz, pero una paz real, no solo una paz escrita en papel.

Nos quedamos con estas palabras como resumen y conclusión de lo que significa el acuerdo firmado el pasado 15 de noviembre, sacadas de la sabiduría de un pueblo que ha aprendido a base de sufrimiento y traiciones, donde el deseo de una solución, con ser grande, no les engaña ante una realidad donde las buenas intenciones no suelen pasar del papel, esperando a los hechos concretos para evitar una nueva frustración.

@CongoActual



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